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domingo, 4 de octubre de 2015

Fiestas religiosas entre la devoción y el ruido

Señor de la Columna - Tunja
Colombia es uno de los países con más tradición cristiana;  casi todos los días hay una fiesta religiosa, todas matizadas por procesiones, pólvora y en muchos casos con la participación de bandas marciales. Al final unos fortalecidos en su fe y otros afectados en sus oídos.

Tunja, la capital boyacense, se destaca por su vocación religiosa, la semana santa es especial, en su mayoría la población es devota de santos y santas como la Virgen del Carmen, Del Topo y el Señor de la Columna. Los creyentes se visten acorde con la ocasión, orando y siguiendo al cura en las procesiones. De repente las plegarias son interrumpidas por un estruendo que nos deja helados del susto; son los voladores, que llaman la atención al resto de la población anunciando el festejo y probablemente invitando a participar.

La combinación fiesta y fe, es característica en celebraciones como parte de la tradición católica de los boyacenses. En muchos más municipios la escena se repite casi calcada.

Los que no disfrutan de los festejos son los visitantes a la ciudad, quizá después de un largo viaje intentan conciliar el sueño, pero la pirotecnia que aún resuena a las diez de la noche lo mantiene despierto. Lo mismo podrá ocurrir con quienes circunstancialmente se encuentran en un hospital; el exceso de decibelios hará que sus propias dolencias hagan menos grato estar en la habitación de un hospital. El habitante regular de la ciudad o el ocasional con seguridad tampoco disfruta del ruido.

Como si no fuera suficiente, a las cinco de la mañana los organizadores de las festividades se vuelven a hacer notar con una alborada: más pólvora y el redoble de campanas; el sonido del bronce complementa la interrupción del mejor de los sueños, todo eso en un domingo al amanecer.

Respetando la tradición, creencias de los tunjanos y de innumerables colombianos que también celebran, algún correctivo debería hacerse para hacer más grata y tranquila la estadía del visitante, del residente temporal,  la del paciente del  hospital y por su puesto para el adulto mayor - para quien es difícil conciliar el sueño - y el niño que tiene un sueño muy débil, con lo que sus padres entrarán en vigilia. 

Quizá una solución sea que las autoridades tomen la decisión de regular los horarios en los que se utiliza la pólvora. Hoy que estamos en época electoral y en la que entre los propósitos de quienes aspiran a ocupar cargos públicos es mejorar la calidad de vida de sus habitantes, evidentemente con sus gestas y programas de gobierno, por su puesto, sin afectar la vocación religiosa de sus habitantes. 

Entretanto los que administran el municipio deben tomar las decisiones necesarias; la defensoría del pueblo y la personería municipal, deberían adoptar acciones para reducir la contaminación auditiva: en otros lugares del mundo ya se ha regulado el tema, haciendo menos tediosa la vida de quien no participa en las festividades y  para el que el uso de pólvora y la música con alto volumen, pueden causarle daños.

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Celio E. Pineda Rodríguez
Twitter: @celiopineda