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sábado, 1 de noviembre de 2014

Nuestra sumisión ante los decadentes nobles

Durante varios días le hicimos venia a un cuestionado príncipe, Carlos de Gales, al que ni siquiera su misma madre le tiene la confianza para asumir el poder, y que pueda ser un digno rey. Nosotros, por el contrario, por poco le ponemos alfombra cubierta de orquídeas. Eso sí, complacidos porque serían pisadas por un poco elocuente noble.

Cuando se vieron las primeras imágenes de los visitantes, el recuerdo de muchos colombianos evocó a la princesa Diana, destacada por sus buenas actuaciones, y la del mismo príncipe Carlos, mostrando a su amante Camila, hoy la duquesa de Cornualles; oficialmente la esposa real.  Por esta razón, muchos de sus propios conciudadanos no tienen y seguramente no creen en ella para suceder a la reina.

A la llegada de Carlos de Gales, el ejército le hizo honores de estado. Nuestra canciller, María Ángela Holguín, le dio la bienvenida y la correspondiente venia. Después el presidente Juan Manuel Santos recibió al noble príncipe en la casa de Nariño - el sitio en el que muchos de nuestros compatriotas en la reciente historia han querido como los reyes, perpetuarse en el poder -. En el misma palacio, el presidencial, se le ofreció una cena a la pareja británica, las mesas cubiertas con los mejores manteles - planchados para reducir algo nuestra arrugada imagen - y la reluciente porcelana de la Casa de Nariño, que se opone al brillo de muchos de nuestros líderes político.

Mientras los visitantes disfrutaban del postre en la casa presidencial, muchos colombianos sufrían el rigor del invierno y la prensa mostraba las actividades no sanctas de uno de los hijos del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Luis Gabriel Miranda que, durante la espera de su "esquema de seguridad" y a su padre, quien utilizaría todo su poder para sacarlo del problema, pacientemente hacía sentir a los policías que tenían menos valor que varios ceros a la izquierda, justificando sus actuaciones y el mal uso de los bienes del Estado Colombiano.

En la agenda real estaba señalada una visita a Caño Cristales, en la Sierra de la Macarena. Nuestro presidente desplazó toda una comitiva de ministros, militares y muchas personas, muy importantes eso sí, para el gobierno. La elocuencia del señor Carlos de Inglaterra, no riñó con la del presidente Santos. Mostramos la belleza de nuestro país, vedada para muchos colombianos, por el dominio de los administradores de nuestras selvas.

Afortunadamente la visita terminó, Carlos y Camila salieron por Cartagena de Indias, seguramente caminaron por los sitios que impiden ver las desigualdades de la ciudad amurallada.

Los medios no fueron inferiores al gobierno, dedicaron minutos, muchos minutos a destacar la visita, mostrando las virtudes de la pareja "real" y aplaudiendo con sus notas porque el señor probó - no comió - chontaduro, bebió jugo de feijoa, y  se llevó a la boca la uchuva.

¿Qué logramos con la visita de "sus majestades"? Habrá que esperar el resumen presidencial y lo que nos costó. Entre tanto, estaremos corrigendo los errores que hemos cometido con nuestros nobles visitantes, para que cuando lleguen otros, los pongamos en los lugares de los que no hemos podido y tal vez no queremos bajarlos desde la misma conquista.