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domingo, 8 de diciembre de 2013

Bogotá por la séptima en un dia de velitas

La carrera séptima la convirtieron en una vía peatonal, los proyectistas, los inteligentes que administran nuestras ciudades, nuestro país,  lo peatonal desde la calle 6a hasta la 26. Al caminar por allí las sensaciones son muy variadas, van desde lo agradable a situaciones inverosímiles.

El siete de  diciembre es una costumbre que da inicio a la navidad en Colombia, se encienden velitas y faroles, también es una celebración católica, La Inmaculada Concepción, por las razones que sean niños y mayores se reúnen alrededor de velas en andenes, balcones, calles y donde se nos ocurra.
Torre Colpatria - Foto Sergio Pineda

Esta vez para muchos residentes en Bogotá, la noche del siete de diciembre los toma por la tradicional carrera séptima. Cuando la noche inicia, un buen número se ha congregado cerca de la torre Colpatria - la edificación más alta de la ciudad - la expectativa un espectáculo pirotécnico, empujones, pisotones involuntarios, madres con los carritos de sus hijos, y las mascotas que no faltan, incluso la nuestra, todos con el mismo propósito, tener un buen lugar en el que se verá mejor el espectáculo, al lado como siempre vendedores ambulantes, probablemente un oportunista que espera un descuido para hacerse de lo que no le pertenece, un poco más allá un extranjero que no entiende lo que pasa, pero que sigue la mirada de los demás, por ahora a las luminarias que adornan la torre.

Justo a la hora prevista se inicia la pirotecnia, algunos se admiran, otros simplemente observan, finalmente el espectáculo lo han realizado en la azotea de la torre, por lo que el sonido de cada explosión y la visual difieren en tiempo. Luego de unos quince minutos - no cabría mas pólvora en la superficie de la azotea - los aplausos que resuenan para concluir, y los cuellos que se recienten por estar tan cerca de la torre, habría personas que quedaron conformes, otros talvez esperaban algo mejor.

Saxofonista - Foto Sergio Pineda
Las personas se van retirando unos hacia sus casas, otros a comer algo, y otros como nosotros a caminar hasta la Plaza de Bolivar.

En tanto se inicia la caminata las dificultades surgen, muchos carritos que ofrecen comida, personas que van en distintas direcciones, algunos que hacen estaciones por algo que pasa; música de Michael Jackson, y un jóven negro que imita la danza del desaparecido cantante, más adelante un grupo que toca música andina, por el otro costado un saxofonista, sus melodias: New York New York y la banda sonora de la pantera rosa. La calidad artística de cada uno, con certeza, es muy variada, va desde los que tocan con partitura hasta el que su instrumento suena un poco desafinado. Lo común entre ellos, esperan la misma recompensa: una moneda.


Asadero en Iglesia Nieves - 
Un aroma que es común, el olor a aceite: se venden toda clase de fritos, el aroma se torna desagradable por momentos, es un aceite que ha sido usado una y otra vez, quizá ha alcanzado el punto de humo. De repente estos olores se entremezclan con la bebida canelazo,  o del olor a pollo asado que proviene de un negocio que hace parte un templo - la iglesia de la Nieves - ¿una consecuencia de la situación económica?. Más adelante, venden perros calientes, que de la nada se tornan fríos, aparece la lluvia, en principio muy ligera, después arrecia, se apagan los artistas, la oferta no se ve por el plástico protector y surge una incomodidad más: los paraguas, bueno, incomoda si no llevamos uno.

Por fin la Plaza de Bolívar; La Catedral Primada con muchas luces, lo mismo en el Palacio de Liévano al lado opuesto. Infortunadamente, la lluvia impide quedarse, no se previó y no hay donde guarecerse.

Una caminata que vale la pena, miles de personas que personifican las necesidades de muchos colombianos, rebuscándose de muchas maneras, otros probablemente esperando que alguien reconozca su talento, o simplemente intentando convencer a alguien para que deposite una moneda para el día a día. La nota negativa, una calle convertida en un bazar más allá de las necesidades de quienes intentan sobrevivir,  y una más la explotación animal - llamas o tal vez alpacas - soportando el peso de la felicidad de los niños o adolescentes que disfrutan montarlas.  

Las velitas se consumen, el piso queda enrarecido por la parafina que goteó, los artistas, los vendedores volverán a su rutina, la esperanza sin embargo de una navidad  feliz, acompaña a los caminantes ahora de regreso a casa.