Y duele. Duele en los pequeños detalles: en una canción, en una receta, en una costumbre familiar, en el impulso de querer llamarla para contarle cualquier cosa o pedirle un sabio consejo.
Pero también es una fecha que nos recuerda todo lo que nos dejó. Su manera de cuidar, de acompañar, de sostener incluso cuando no entendíamos cuánto hacía por nosotros. Con el tiempo uno descubre que muchas de las cosas que somos vienen justamente de ella.
Tal vez este domingo no sea fácil para quienes ya no pueden abrazar a su mamá. Pero también puede ser un día para agradecer haberla tenido, para recordarla con amor y para reconocer que, de alguna forma, sigue presente en nuestra vida.
Porque una madre no desaparece del todo mientras siga viviendo en nuestros recuerdos, en nuestras palabras y en la forma en que aprendimos a querer.
Un abrazo especial para quienes este 10 de mayo extrañarán más que nunca a su mamá.
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