lunes, 22 de junio de 2026

República Democrática del Congo nuestro próximo rival: ya mostró de lo que es capaz empatando a Portugal

Colombia inició el Mundial 2026 con la autoridad que se espera de una selección llamada a hacer historia: goleó, gustó (bueno a los genios del comentario, no) y despejó las dudas iniciales frente a Uzbekistán. Pero ahora espera un desafío bien distinto. En la segunda jornada de la fase de grupos aparecen los Leopardos, la selección de la República Democrática del Congo, que en su debut le mostró las garras a la Portugal de Cristiano Ronaldo y le arrebató un valiosísimo empate. El mensaje fue claro: nadie debe subestimar al rival. 

¿Quién es nuestro rival?

Conviene hacer una precisión importante desde el comienzo, porque es fácil tropezar con el nombre: una cosa es la República Democrática del Congo, cuya capital es Kinshasa, y otra muy distinta la vecina República del Congo, con capital en Brazzaville. Son dos países diferentes, separados por el río Congo, y aunque comparten historia y lazos culturales, la RDC es el segundo país más extenso de África y el que ahora vuelve a una Copa del Mundo. 

Para muchos aficionados colombianos el nombre puede sonar nuevo, pero en realidad se trata de un viejo conocido del fútbol mundial: disputó el Mundial de Alemania 1974 bajo el nombre de Zaire, y ahora regresa después de más de cincuenta años, por primera vez con su denominación actual. Tal vez la generación de los 60s recuerda a Zaire por el combate de Mohamed Alí contra George Foreman, en la capital Kinshasa.

Medio siglo después, los Leopardos vuelven a la élite con una generación que combina potencia física, velocidad y oficio europeo. Ubicada en el corazón mismo del continente, la RDC comparte fronteras con nueve países —República del Congo, República Centroafricana, Sudán del Sur, Uganda, Ruanda, Burundi, Tanzania a través del lago Tanganica, Zambia y Angola—, lo que la convierte en un cruce de caminos estratégico. 

La diversidad humana también desborda cualquier intento de resumen: más de 230 lenguas conviven en su territorio junto a cientos de grupos étnicos. El francés es el idioma oficial, herencia de su pasado colonial belga, y el soukous, un ritmo que bebe de la rumba cubana, es banda sonora de su identidad cultural y ha influido durante décadas en la música de toda África.

En lo futbolístico, los Leopardos han dado un salto de calidad apoyados en jugadores que militan en ligas europeas de primer nivel. Sus principales figuras son Yoane Wissa, delantero del Brentford inglés; Chancel Mbemba, defensor del Olympique de Marsella; Meschack Elia, extremo del Nantes; Arthur Masuaku, lateral del Beşiktaş turco; y Samuel Moutoussamy, mediocampista del Sivasspor. No son nombres de relleno: son titulares en sus clubes y aportan experiencia en las competiciones más exigentes. Esa mezcla de talento y músculo se traduce en un equipo fuerte físicamente, rápido en las transiciones, sólido en defensa y muy peligroso en el juego aéreo y la pelota quieta. Justo lo que mostró en su debut mundialista: un empate 1-1 ante Portugal que nadie había previsto y que dejó claro que la RDC no viajó a este Mundial de paseo.

Aunque la República Democrática del Congo posee una riqueza natural descomunal, el turismo no es hoy una opción recomendable debido a los problemas de seguridad que persisten en varias regiones. Sin embargo, en su territorio se esconden algunos de los paisajes más impresionantes del planeta: el Parque Nacional Virunga, hogar de los gorilas de montaña; el Parque Nacional Kahuzi-Biega, refugio de los gorilas de llanura; las cataratas Boyoma; el curso inabarcable del río Congo y Kinshasa; una de las ciudades más grandes de África, reconocida por su efervescencia cultural y musical. 

Los Leopardos continúan en el Mundial con la ilusión intacta de quien ya saboreó una pequeña gesta. Colombia, también hizo los suyo, aunque brilló en su debut, necesita dar un paso más hacia los octavos de final. Tendrá enfrente a una selección en pleno crecimiento, con talento, potencia y el respaldo de quien ya miró a los ojos a Portugal sin pestañear. La cita es exigente, pero también es el tipo de partido que define a los equipos grandes. En juego, mucho más que tres puntos. Esperamos darles el zarpazo.

sábado, 20 de junio de 2026

Mañana por fin elegiremos presidente de los colombianos: ¿realmente representa nuestras ideas?

Mañana elegiremos al presidente de los colombianos y como ocurre en cada campaña, los candidatos buscan ganar la preferencia de los votantes hablando de economía, educación, seguridad o investigación. Sin embargo, el debate termina reduciéndose a ataques contra el adversario y a estrategias emocionales que muchas veces dejan en segundo plano la discusión seria de las propuestas.

Pero esta reflexión no pretende centrarse únicamente en los candidatos. Es una autocrítica como ciudadanos. Así como cuestionamos la coherencia ideológica de quienes aspiran al poder. Vale la pena preguntarnos si nuestras propias posiciones políticas son realmente coherentes con el candidato que apoyamos.

Muchos nos identificamos como de izquierda, derecha, centro, liberales o conservadores, aunque no siempre tengamos claridad sobre lo que implican esas corrientes políticas. En ocasiones apoyamos candidatos por simpatía, tradición familiar, rechazo hacia otro sector político o por el impacto emocional de las campañas, sin analizar si sus propuestas coinciden realmente con nuestra visión de sociedad.

Por eso resulta importante hacer un ejercicio de reflexión personal. Una manera es conocer las características básicas de las diferentes corrientes políticas y compararlas con nuestras ideas sobre temas como el papel del Estado, la economía, la seguridad, las libertades individuales o la justicia social. También existen herramientas más rápidas, como tests ideológicos tipo Political Compass, que permiten identificar tendencias políticas a partir de preguntas concretas. Aunque estas herramientas no ofrecen resultados absolutos, sí pueden servir como punto de partida para pensar críticamente nuestras posiciones.

Incluso hoy es posible utilizar herramientas de inteligencia artificial que, mediante preguntas cerradas, elaboran perfiles políticos aproximados según nuestras respuestas.

El objetivo no es etiquetarnos políticamente ni asumir que una ideología es superior a otra. La intención es preguntarnos con honestidad, si el candidato que apoyamos representa realmente nuestras convicciones o si nuestra decisión está siendo influenciada principalmente por emociones, polarización o tendencias del momento. Reconocer esas posibles contradicciones también hace parte de una ciudadanía más consciente.

viernes, 19 de junio de 2026

El Mundial más global de la historia: los sorprendentes datos que deja la Copa de 2026

El Mundial de 2026 ya es histórico incluso antes de definir a su campeón. Con 48 selecciones participantes y 1.248 futbolistas, ya es la Copa del Mundo más grande y global de todos los tiempos y, por lo que va del torneo, también la de mayor asistencia promedio, pese a contar con dos países anfitriones sin una gran tradición futbolística. Esto refleja cómo el fútbol ha derribado fronteras tanto dentro como fuera de la cancha.

Pero más allá de los récords, esta Copa del Mundo deja una serie de datos curiosos que ayudan a entender por qué será una edición diferente. Muchos de los goles que millones de aficionados celebrarán durante el torneo serán anotados por futbolistas que ni siquiera nacieron en el país cuya camiseta defienden, una realidad que evidencia el impacto de la migración y la globalización en el fútbol moderno. También hay equipos con plantillas completamente nacionales, países cuyos jugadores y entrenadores representan o dirigen selecciones de otras naciones, y cifras inéditas que hacen de esta cita mundialista una de las más interesantes de la historia.

Solo ocho selecciones (16 %) cuentan con plantillas integradas exclusivamente por futbolistas nacidos en el país que representan: Brasil, Colombia, Austria, República Checa, Suecia, Panamá, Arabia Saudita y Sudáfrica (Flashscore). En contraste, cerca de uno de cada cuatro jugadores convocados nació en una nación distinta a la que defenderá en el torneo, una cifra sin precedentes en la historia de los Mundiales (GZERO Media). Este fenómeno está estrechamente ligado a los grandes movimientos migratorios de las últimas décadas, que han llevado a millones de personas a establecerse en otros países y han permitido que nuevas generaciones de futbolistas representen la nación donde crecieron, obtuvieron la ciudadanía o desarrollaron su carrera deportiva.

Curazao encabeza la lista de equipos con más futbolistas nacidos en el extranjero, con 25, seguida por Congo y Marruecos, con 19 cada una (Bolavip). También destacan Bosnia y Herzegovina, Argelia y Haití, reflejando el impacto de las migraciones, las diásporas (comunidades de personas que viven fuera de su país de origen) y diversos procesos históricos en la conformación de sus plantillas. De hecho, Túnez, Argelia, Bosnia, Congo y Qatar tienen más de la mitad de sus convocados nacidos fuera de sus fronteras (Front Office Sports).

Francia es el país que más jugadores aporta al Mundial. Un total de 99 futbolistas nacidos en territorio francés disputan la Copa del Mundo, aunque solo 23 lo hacen con la selección gala. Los demás representan a otras naciones, especialmente Argelia, Haití y Congo, gracias a los fuertes vínculos históricos y migratorios (Bolavip).

La globalización también se refleja en los bancos. Argentina aporta seis técnicos, más que cualquier otro país: Lionel Scaloni, Marcelo Bielsa, Mauricio Pochettino, Néstor Lorenzo, Sebastián Beccacece y Gustavo Alfaro dirigen distintas selecciones (everythingedinburgh.com). Además, más de la mitad de los técnicos del torneo están al frente de un país distinto al de su nacionalidad. Entre ellos sobresalen Thomas Tuchel con Inglaterra, Ralf Rangnick con Austria y Carlo Ancelotti, quien intentará llevar a Brasil a un nuevo título (fifaworldcupnews.com).

El entrenador más joven de la Copa será Julian Nagelsmann, de 38 años, al mando de Alemania, mientras que el neerlandés Dick Advocaat, de 78, hará historia como el técnico de mayor edad en un Mundial (Win Sports Online).

Sin embargo, hay un dato que añade aún más interés al torneo: ninguna selección ha logrado conquistar una Copa del Mundo con un entrenador extranjero (RotoWire). ¿Podrán Brasil con Carlo Ancelotti o Estados Unidos con Mauricio Pochettino romper esa tradición en 2026?

Colombia también aporta una curiosidad a esta Copa del Mundo. Aunque como ya se dijo, nuestra selección hace parte del reducido grupo de equipos conformados exclusivamente por futbolistas nacidos en su territorio, algunos jugadores nacidos en el país defenderán otras camisetas. El caso más conocido —y más llamativo— es el de Julián Quiñones, nacido en Magüí Payán, Nariño, quien no solo representa a México tras nacionalizarse en 2023, sino que anotó el primer gol del Mundial 2026 en el partido inaugural contra Sudáfrica, convirtiéndose en el primer colombiano en marcar un gol de apertura en una Copa del Mundo, aunque vistiendo otra camiseta (GolCaracol / Al Día). Un ejemplo más de cómo la migración, las dobles nacionalidades y las oportunidades deportivas han convertido al Mundial de 2026 en el torneo más global de la historia.

miércoles, 17 de junio de 2026

Colombia dio el primer golpe: venció a Uzbekistán y tomó el liderato del Grupo K

La espera terminó. Durante horas, las calles colombianas se vistieron de amarillo, la ilusión acompañó a miles de colombianos y la expectativa fue creciendo a medida que se acercaba el pitazo inicial. No faltaron los escépticos, los que advertían un debut complicado y sembraban dudas sobre el estreno mundialista. Sin embargo, cuando el balón comenzó a rodar, la Selección Colombia dejó esa mala vibra fuera de la cancha y asumió el protagonismo.

El estadio Azteca lució completamente lleno y la multitud colombiana hizo sentir al equipo como local. Aunque la selección vistió de azul, el amarillo dominó ampliamente las tribunas, Uzbequistán a hacer lo suyo.

Colombia inició el encuentro muy seria. Controló la posesión, ocupó bien los espacios y obligó a Uzbekistán a refugiarse en un esquema muy disciplinado, diseñado por Fabio Cannavaro para cerrar caminos y esperar el error rival. La propuesta recordó al tradicional fútbol italiano: orden, paciencia y defensa muy sólida.

La superioridad colombiana tardó en reflejarse en el marcador. Luis Díaz estuvo muy cerca de abrir la cuenta con un remate al palo, antes de que Daniel Muñoz rompiera el equilibrio con una magnífica definición. Hasta ese momento, casi al final de la primera parte, el partido parecía desarrollarse exactamente como lo había imaginado Colombia.

Pero el compromiso cambió después del descanso.

Cannavaro modificó el comportamiento de su equipo y Colombia tardó en interpretar el nuevo escenario. Uzbekistán dejó de esperar, adelantó sus líneas, presionó con mayor intensidad y encontró espacios que durante la primera mitad no habían existido. Consiguió el empate que no fue producto del azar; fue consecuencia de un rival que leyó mejor el partido durante varios pasajes del segundo tiempo.

La reacción colombiana fue inmediata y volvió a aparecer el jugador diferente de la noche. Luis Díaz, pese al fuerte marcaje y a las reiteradas faltas que sufrió durante todo el encuentro, desequilibró una vez más para devolverle la ventaja a la selección.

Sin embargo, ese segundo gol no significó tranquilidad. Por el contrario, Colombia comenzó a ceder terreno. Los cambios enviaron un mensaje claro: proteger el resultado antes que ir por el control definitivo del partido. La salida de James Rodríguez sorprendió, especialmente porque Juan Fernando Quintero permaneció en el banco, y el equipo fue perdiendo capacidad para conservar el balón y administrar el ritmo del juego.

Uzbekistán entendió que el partido seguía abierto y terminó imponiendo las condiciones emocionales del cierre. Colombia retrocedió demasiado, renunció por momentos a la posesión y permitió que el rival creciera. Incluso desperdició una oportunidad muy clara para liquidar el compromiso, lo que prolongó innecesariamente el suspenso, Lermá falló una pelota clara.

El tercer gol, nacido del coraje de Cucho Hernández y concretado por Jaminton Campaz, alivió la tensión y dio una diferencia que el desarrollo del segundo tiempo no reflejaba del todo. Aun así, antes del pitazo final, un remate uzbeko que se estrelló en el palo recordó que el partido nunca estuvo completamente bajo control.

El balance deja sensaciones encontradas. Colombia fue superior en el primer tiempo, tuvo individualidades decisivas y ganó con justicia. Pero también evidenció dificultades para adaptarse a los cambios tácticos del rival, perdió el control del juego durante largos pasajes del complemento y terminó sufriendo más de lo necesario.

Lo importante es que los tres puntos quedaron en el bolsillo. El empate entre Portugal y la República Democrática del Congo dejó a Colombia como líder del Grupo K al término de la primera jornada. Ahora el desafío será confirmar esa posición frente al conjunto africano, corrigiendo las dudas que dejó el segundo tiempo. En un Mundial, ganar siempre es importante; aprender de las victorias puede ser aún más valioso. Y haber si cambian el discurso los contradictores. 

!!Vamos Colombia¡¡

viernes, 12 de junio de 2026

Desde la Ruta de la Seda hasta el Estadio Azteca: Uzbekistán, el primer rival de Colombia

El próximo 17 de junio Colombia debutará en el Mundial de Fútbol 2026. La cita será en el Estadio Azteca de Ciudad de México, que por tercera vez albergará una Copa del Mundo. En 1970 fue testigo de la consagración de Brasil y de Pelé, quien levantó allí su tercer título mundial, permitiendo a los brasileños quedarse definitivamente con la Copa Jules Rimet.

Dieciséis años después, en 1986, el mismo escenario vio a Diego Maradona llevar a Argentina hacia su segunda estrella, en un torneo recordado por la «Mano de Dios». Aquel Mundial guarda además un vínculo especial con Colombia: inicialmente debía disputarse en nuestro país, que renunció a organizarlo debido a la crisis económica y a las exigencias de la FIFA (Belisario Betancur era el presidente). El destino quiso que México se quedara con la sede y que el Estadio Azteca volviera a convertirse en el centro del mundo del fútbol.

En este escenario cargado de tradición, la selección colombiana iniciará su camino frente a Uzbekistán, un rival poco conocido para la mayoría de los aficionados colombianos.

Aunque en el panorama mundial del fútbol no figura entre las potencias tradicionales, Uzbekistán —independiente desde 1991 tras la caída de la Unión Soviética— ha venido consolidando su crecimiento en los últimos años. Su jugador más reconocido es Abdukodir Khusanov, defensor que hace parte del Manchester City y que se ha convertido en uno de los referentes de una generación que sueña con dejar huella en la máxima competición del fútbol. Podría mencionarse también a Eldor Shomurodov de la Roma.

No existen antecedentes entre ambas selecciones, por lo que el encuentro marcará el primer capítulo de una relación deportiva sin historia previa. Lo que ocurra aquella tarde quedará registrado como el comienzo del vínculo entre colombianos y uzbekos en una cancha de fútbol.

Pero antes de que ruede el balón, vale la pena mirar más allá del fútbol y acercarse a un país fascinante. Situado en el corazón de Asia Central, Uzbekistán fue durante siglos una pieza fundamental de la legendaria Ruta de la Seda, la red comercial que conectó Oriente y Occidente. Sus vecinos comparten terminación: Afganistán, Tayikistán, Kirguistán, Kazajistán y Turkmenistán. Sus ciudades históricas, como Samarcanda, Bujará y Jiva, conservan impresionantes mezquitas, madrazas (universidades islámicas) y palacios que recuerdan el auge de antiguas civilizaciones.

Con una cultura moldeada por influencias persas, turcas, árabes y mongolas, Uzbekistán ofrece un patrimonio histórico extraordinario. Varios de sus lugares más visitados han sido reconocidos por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, entre ellos Khiva, Samarcanda y Bujará. Sus mercados, su gastronomía y su arquitectura convierten al país en uno de los grandes tesoros culturales menos conocidos para los latinoamericanos.

Como hombres de ciencia vale mencionar tres nombres: Al-Juarismi (siglo IX), de cuyo nombre deriva la palabra algoritmo, su libro más famoso dio origen al término álgebra; Avicena (siglo X), quien escribió El canon de medicina, usado como libro de texto durante más de 500 años; y Ulugh Beg (siglo XV), astrónomo que calculó la duración del año con notable precisión.

Esto es apenas una pequeña muestra de lo que es Uzbekistán y su gente. Quienes han visitado el país lo describen como un destino turístico a tener en cuenta: económico, seguro y buen representante de Asia Central.

Así, cuando Colombia salte al campo el 17 de junio, no solo estará enfrentando a una selección desconocida en su historia futbolística, sino también a una nación con un pasado extraordinario y una identidad cultural que merece ser descubierta.

martes, 9 de junio de 2026

El Mundial empieza el 11. Colombia no llega a participar. Llega a competir


Copa Mundial de Fútbol 2026
Generada por ChatGpt
A partir del 11 de junio estaremos en modo Mundial. El debate político seguirá ahí, acompañándonos todos los días, pero por momentos compartirá protagonismo con el fútbol. Y como ocurre cada cuatro años, volverá la pregunta inevitable: ¿quién levantará el trofeo de campeón? Para responderla aparecen las predicciones, las simulaciones estadísticas y los análisis de expertos que intentan descifrar cuáles selecciones tienen más opciones de llegar hasta el final.

Los principales modelos de análisis futbolístico coinciden en algo: España, Francia, Argentina e Inglaterra aparecen hoy como las selecciones con mayores probabilidades de alcanzar las semifinales y pelear por el título. Proyecciones de Opta (Supercomputadora de Opta) y simulaciones basadas en rankings Elo (World Football Elo Ratings) ubican constantemente a estas selecciones en la parte más alta de las probabilidades. Los modelos financieros de Goldman Sachs , por su parte, coinciden en situar a España, Francia y Argentina entre los tres primeros candidatos, aunque difieren en el peso que le asignan a Inglaterra. 

Y no se trata solamente de nombres.

Detrás de esos pronósticos hay variables objetivas: profundidad de plantilla, rendimiento reciente, equilibrio entre líneas, edad promedio de los jugadores, producción ofensiva, solidez defensiva, experiencia internacional y capacidad para sostener el nivel competitivo durante un torneo largo.

España llega probablemente con el fútbol colectivo más elaborado del campeonato. Francia posee una cantidad de talento difícil de igualar y una profundidad de plantilla que pocas selecciones pueden mostrar. Argentina mantiene la estructura competitiva de un campeón que aprendió a sobrevivir a los partidos de eliminación directa. Inglaterra cuenta con una generación que, en términos de valor de mercado y calidad individual, está entre las más fuertes del planeta.

Sin embargo, los mundiales rara vez se definen únicamente por los favoritos.

También cuentan las debilidades.

Francia usualmente concede espacios que equipos rápidos pueden aprovechar. Inglaterra continúa cargando con la presión histórica de no transformar su enorme potencial en títulos. Argentina depende de mantener la intensidad física durante un torneo largo. España, aunque brillante con el balón, puede sufrir cuando enfrenta equipos que resisten bien y salen rápido al contragolpe.

Y es justamente ahí donde aparece Colombia.

Quizás no encabece las probabilidades de los grandes modelos internacionales, pero por primera vez en mucho tiempo tampoco llega como una selección sorpresa. Colombia ha construido una identidad competitiva, una base de jugadores consolidada en las principales ligas del mundo y una generación que combina experiencia con juventud.

Lo más interesante es que varias de las fortalezas de Colombia coinciden precisamente con algunas de las debilidades de los favoritos: velocidad para atacar espacios, capacidad física, jugadores desequilibrantes por las bandas, un mediocampo con recuperación y una mentalidad competitiva que ha crecido notablemente en los últimos años.

Además, mientras otras selecciones llegan con la obligación de ser campeonas, Colombia llega con una ventaja silenciosa: tiene mucho que ganar y relativamente poco que perder. Esa condición ha impulsado algunas de las campañas más memorables en la historia de los mundiales.

Por supuesto, sería irresponsable afirmar que Colombia es favorita al título. Las estadísticas todavía favorecen las cuatro selecciones mencionadas. Pero también sería un error seguir viendo a nuestra selección como una simple participante. Hoy Colombia tiene argumentos futbolísticos reales para competir de tú a tú con cualquiera y para soñar legítimamente con un lugar entre las mejores del Mundial.

A dos días del inicio del torneo, los modelos de Opta otorgan a España cerca de un 16% de probabilidad de ser campeona, seguida por Francia con alrededor del 13%, Inglaterra con cerca del 11% y Argentina rondando el 10%. El modelo de Goldman Sachs, construido sobre simulaciones del ranking Elo, va más lejos con España —a la que asigna un 26%— y sitúa a Francia segunda con un 19% y a Argentina tercera con un 14%. Las cifras varían entre modelos, pero el mensaje es consistente: esas selecciones dominan el mapa de favoritos.

Pero el fútbol tiene algo que ningún algoritmo ha logrado calcular completamente.

La presión.

La confianza.

La inspiración de una generación.

El momento exacto en que un grupo de jugadores empieza a creer que puede hacer historia.

Los mundiales no se juegan en las computadoras, ni en las casas de apuestas, ni en los rankings.

Se juegan en la cancha.

Y si algo ha demostrado la historia del fútbol es que siempre existe una selección capaz de romper los pronósticos.

Ojalá esa selección sea Colombia.

viernes, 5 de junio de 2026

Colombianos en Estados Unidos: una crisis que no puede ignorarse

Mientras Colombia concentra su atención en la campaña presidencial y en los debates sobre seguridad, economía y reformas sociales, miles de colombianos enfrentan una creciente incertidumbre en territorio estadounidense. La política de inmigración de la administración de Donald Trump se ha endurecido de manera significativa y sus efectos ya son visibles para quienes emigraron en busca de oportunidades laborales, académicas o familiares.

Conviene hacer una precisión importante. La administración de Donald Trump ha definido una línea migratoria clara. Puede compartirse o cuestionarse pero sus objetivos han sido expuestos de manera explícita: incrementar los procesos de expulsión, restringir mecanismos de regularización y fortalecer los controles fronterizos. Los ciudadanos colombianos residentes en ese país conocen hoy con claridad la posición de la Casa Blanca frente al fenómeno migratorio, desde nuestra perspectiva cuestionable, por el tratamiento inhumano que se le ha dado a los deportados y el no reconocimiento del estatus migratorio reconocido.

Cada día es más preocupante la situación de muchos ciudadanos que residen de forma legal o irregular en Estados Unidos. Particularmente delicado es el caso de quienes migraron legalmente por motivos de estudio, trabajo o reunificación familiar. Quienes decidieron permanecer más allá de los términos autorizados por sus visados asumieron un riesgo conocido. Pero lo que hoy está ocurriendo va mucho más allá de esa realidad. Cambios en la normativa de inmigración están afectando también a personas que actuaron conforme a la ley y que ahora enfrentan un futuro incierto.

Las cifras más recientes permiten dimensionar la magnitud del fenómeno. En lo corrido de 2025 se registran más de 23.000 expulsiones (TRAC – El Colombiano), con un pico mensual de 4.075 casos en marzo, la cifra más alta desde 1998 (El Tiempo). Colombia se ubica además como el quinto país latinoamericano con mayor número de retornos forzados, detrás de México, Honduras, Guatemala y Venezuela (El Colombiano). A esto se suma que cerca de 1.100 de los nuestros que ingresaron bajo programas de permiso humanitario se encuentran en riesgo de perder su estatus legal (El Tiempo), mientras la aprobación de residencias permanentes ha caído de cerca de 72.000 mensuales en octubre de 2024 a aproximadamente 34.000 en enero de 2026, según el Instituto Cato con base en datos del USCIS (El Universal / Telemundo). Incluso se han documentado situaciones extremas, como la deportación de ocho ciudadanos colombianos hacia la República Democrática del Congo —quienes no podían ser retornados a Colombia por contar con mecanismos de protección legal contra su regreso al país— (Semana / El Colombiano), lo que evidencia la creciente complejidad y alcance de las decisiones adoptadas.

Más allá de las estadísticas, el panorama resulta profundamente inquietante. Detrás de cada número hay familias separadas, proyectos de vida interrumpidos, profesionales que apostaron por construir un futuro fuera del país y estudiantes que encontraron en el exterior oportunidades que su nación de origen no les ofrecía.

Muchos abandonaron su tierra natal porque no veían posibilidades reales de desarrollo personal o profesional. Algunos aceptaron trabajos que jamás habrían desempeñado en Colombia; dejaron atrás carreras activas, empresas o posiciones sociales para comenzar de nuevo. También están quienes viajaron legalmente para estudiar, especializarse o investigar, confiando en que algún día podrían regresar a un país que valorara sus conocimientos. Pero para quienes decidieron volver, las promesas de recuperación de talento, fortalecimiento de la investigación y economía del conocimiento terminaron convertidas en frustración: oportunidades escasas, ingresos muy inferiores y un reconocimiento bajo respecto a las expectativas creadas.

Ante esta realidad surgen preguntas inevitables. ¿Qué ha hecho el Estado colombiano para proteger a sus ciudadanos fuera del país? ¿Qué mecanismos de asistencia jurídica, diplomática y humanitaria se han activado para quienes enfrentan procesos de expulsión? ¿Existe una estrategia nacional para aprovechar el conocimiento, la experiencia y las capacidades de quienes regresan?

Pero la pregunta más importante mira hacia el futuro. El próximo 21 de junio los colombianos elegirán un nuevo presidente. Los dos aspirantes han debatido sobre múltiples asuntos internos, pero hasta ahora ambos parecen compartir un preocupante silencio frente a una situación que afecta a miles de compatriotas.

En lo personal identifico un vacío significativo sobre cómo enfrentar una eventual crisis humanitaria derivada del aumento de las deportaciones, cómo asumir los costos económicos y sociales de la reintegración, cómo brindar defensa jurídica transnacional a los afectados y cómo negociar con un gobierno estadounidense que ha endurecido su postura migratoria.

Quizá los ciudadanos en el exterior no representan suficientes votos para definir una elección. Quizá sus dificultades ocurren lejos de las fronteras nacionales y generan pocos titulares. Sin embargo, siguen siendo colombianos. Siguen sosteniendo a miles de familias mediante el envío de remesas. Y siguen teniendo derechos que el Estado está obligado a proteger.

Ojalá que en los debates presidenciales algún periodista formule la pregunta que hasta ahora nadie parece dispuesto a hacer: ¿qué harán los aspirantes a la Presidencia por quienes hoy enfrentan la incertidumbre de la expulsión, la pérdida de su estatus migratorio o el abandono institucional?