lunes, 13 de julio de 2026

El Mundial confirmó una verdad incómoda: Colombia aún no sabe perder.

Antes de hablar de cifras, hay que hablar de algo más profundo: el factor emocional. Colombia no sabe perder, y ese defecto no nace en la cancha, nace en la manera en que como país no hemos aprendido a reconocer el lugar que realmente ocupamos en el mapa futbolístico mundial. Nos cuesta aceptar que competir de tú a tú con potencias, dejar en segundo lugar a un gigante europeo, o llegar invictos a octavos de final, ya es en sí mismo un logro —no una antesala obligatoria hacia la gloria—. 

Hay una cuenta simple que casi nadie hace: de 48 selecciones que empezaron este Mundial, solo una lo gana. Si no ganar la Copa fuera sinónimo de fracaso, tendríamos que aceptar que 47 selecciones —incluidas potencias históricas, campeonas anteriores y semifinalistas— también "fracasaron". Esa aritmética debería bastarnos para entender que la eliminación de Colombia no es una anomalía vergonzosa, sino el destino estadístico de casi todo el planeta futbolístico cada cuatro años.

Colombia quedó eliminada del Mundial 2026 en los octavos de final ante Suiza, tras un frío 0-0 en los 120 minutos y una definición por penales que perdió 4-3. El golpe dolió más por el contexto: la selección llegó invicta —tres victorias y dos empates—, líder de su grupo.

Y en ese contexto hay algo que merece reconocerse sin matices, incluso en la derrota: la hinchada colombiana fue un ejemplo dentro del propio Mundial. No solo por el número —cerca de 65.000 espectadores por partido, con un total de 259.705 aficionados solo en los primeros cuatro encuentros—, sino porque logró algo que casi ninguna otra selección consiguió en este torneo: hacer sentir a Colombia como local en cada ciudad que pisó, de México a Miami y de Kansas City a Vancouver. Mientras muchas selecciones jugaban ante gradas mixtas o con apoyo intermitente según la sede, Colombia fue casi la excepción del Mundial: en todos y cada uno de sus partidos, sin importar el país anfitrión ni la distancia, el acompañamiento de su público fue masivo y constante. Ese respaldo no depende del resultado, y es una cifra que ninguna estadística de disparos o goles puede opacar.

Ese favoritismo, además, no fue solo una construcción local. En la fase de grupos, Colombia dejó en segundo lugar a Portugal —una de las selecciones más seguidas de Europa, con Cristiano Ronaldo como estandarte— tras empatar 0-0 en un partido donde fue el equipo que generó mayor volumen ofensivo, con 24 disparos, la mayor cifra de su historia en un Mundial. De hecho, un cabezazo de Dávinson Sánchez en el tiempo de reposición fue anulado por un fuera de lugar milimétrico tras revisión del VAR; de haber reconocido ese gol, Colombia habría cerrado el grupo con una victoria en lugar de un empate, y la lectura externa previa a los octavos habría sido todavía más favorable. Ese desempeño bastó para que buena parte de la prensa extranjera empezara a mirar a Colombia como un equipo a tener en cuenta camino a instancias más profundas. Y, como en 1994, también en un Mundial en Estados Unidos, cuando Pelé llegó a ubicar a Colombia entre los candidatos al título y el equipo se fue en primera ronda, ese favoritismo externo volvió a pesar más de lo que ayudó.

Ese paralelo de treinta y dos años no es casualidad: es un patrón. En ambos mundiales realizado en Estados Unidos, la ilusión alimentada por nombres  y una expectativa mediática —local y foránea— chocó contra un desempeño que no correspondió a esas proyecciones. Y ahí está la cifra que resume el 2026: según datos de Opta, Colombia anotó apenas con dos de sus últimos 79 disparos en la Copa del Mundo. Desglosado, contra Uzbekistán fueron 15 disparos y 3 goles; contra el resto de los rivales combinados, 79 disparos y solo 2 goles.

Ese dato tiene un capítulo particularmente paradójico: el de Luis Javier Suárez. El delantero samario llegó al Mundial como el máximo goleador de la Liga Portugal, con 28 goles en el campeonato local y 38 en total esa temporada, cifras que lo pusieron a la par de los grandes artilleros de Europa. Sin embargo, en este mundiial no logró convertir ni un solo gol, disputando minutos en casi todos los partidos sin lograr destrabar su puntería. Algo similar, aunque menos extremo, ocurrió con Luis Díaz: el guajiro cerró la temporada como uno de los goleadores y asistidores destacados de la Bundesliga con el Bayern Múnich —15 goles y 17 asistencias solo en el torneo local—, y aunque tuvo participación en algunas jugadas claras con la selección, su producción en el Mundial estuvo lejos de esos números que lo consagraron en Alemania. Que dos de los referentes ofensivos llegaran en el mejor momento de sus carreras en Europa y se apagaran justo en el escenario más importante del ciclo resume, mejor que cualquier otro dato, el "apagón" colectivo de la selección en la definición.

El propio técnico Néstor Lorenzo reconoció que el problema no fue de creación de juego sino de puntería, y recordó que en la fase de eliminatorias el mismo plantel había anotado nueve goles en dos partidos. No por nada Falcao, máximo goleador histórico de Colombia, señaló que el problema "empieza en la formación", no en la táctica de un partido puntual.

Sobre los desplazamientos y el desgaste físico, los datos matizan pero no sostienen la excusa como causa principal: Colombia fue la primera selección del torneo en jugar en los tres países anfitriones, y Suiza llegó con menos kilómetros recorridos. Aun así, las crónicas del partido coinciden en que el factor logístico apenas hizo mella en el rendimiento colectivo, que compitió de igual a igual durante los 120 minutos. Y en cuanto a los penales, tampoco es una fatalidad aislada: la definición desde el punto blanco es un talón de Aquiles reincidente para Colombia en instancias de eliminación directa, como ya había ocurrido en Rusia 2018 ante Inglaterra. Un patrón que se repite con distintos jugadores y técnicos deja de ser mala suerte para convertirse en una carencia de preparación específica que el fútbol colombiano no ha resuelto.

Hay otra cifra, sin embargo, que también merece leerse con calma antes de sentenciar el torneo como un fracaso: en la actualización del ranking FIFA tras el Mundial, Colombia escaló al puesto 11 del escalafón mundial, dos posiciones por encima de donde había arrancado el torneo, superando en la tabla a selecciones como Alemania y Croacia. Se trata de dos combinados con una tradición futbolística mayor y con un número considerablemente más alto de jugadores repartidos en las grandes ligas de Europa —Bundesliga, Premier League, Serie A, LaLiga— que el que puede mostra hoy la nómina colombiana. Que el ranking, que pondera resultados y nivel de los rivales enfrentados, ubique a Colombia por encima de esas selecciones es un indicio de que el desempeño colectivo del equipo estuvo lejos de ser un desastre: fue, más bien, una actuación sólida que no encontró premio en el marcador exacto donde más dolía.

Y aquí conviene ser justos con los números: la data no se equivocó. Antes de que comenzara la fase de eliminación directa, los modelos predictivos de Opta —basados en miles de simulaciones que consideran rendimiento reciente, estadísticas ofensivas y defensivas, y antecedentes históricos— ya señalaban a Francia, España, Inglaterra y Argentina como los grandes favoritos del torneo. Y así fue: los cuatro favoritos iniciales del certamen terminaron siendo, en efecto, los cuatro semifinalistas, algo que solo había ocurrido dos veces antes en la historia de los mundiales, en 1970 y 1990. Cuando el resultado confirma con esa precisión lo que el análisis previo señalaba, hablar de mala suerte como causa central de nuestra propia eliminación es, cuando menos, una simplificación cómoda frente a lo que las cifras venían diciendo desde antes de empezar: Colombia, según esas mismas probabilidades, nunca estuvo entre los verdaderos candidatos al título, y terminar en octavos no contradice ese pronóstico, lo confirma.

Pero hay una parte de "no saber perder" que no está en la cancha, y ahí conviene mirar hacia adentro. La historia ya lo advirtió en 1994: Andrés Escobar fue asesinado tras un autogol, en un crimen vinculado al narcotráfico que marcó para siempre al fútbol colombiano. Treinta y dos años después, el país no ha cerrado del todo esa herida, porque el patrón que la produjo —convertir un error futbolístico en una ofensa que exige castigo— solo cambió de escenario: de la calle a las redes sociales.

En este Mundial, Jáminton Campaz falló la ocasión más clara del alargue ante Suiza y luego denunció haber recibido amenazas de muerte contra él y su familia, incluida su hija de cinco años, al punto de no poder regresar a Colombia con el resto de la delegación. El jugador pidió respeto públicamente, y figuras del fútbol —desde compañeros hasta rivales como Ángel Di María— salieron a respaldarlo. Un periodista colombiano resumió la situación evocando directamente el caso de Escobar, y la comparación no fue casual: es la misma lógica social, tres décadas después.

Conviene resaltarlo: en ningún reporte serio hay indicio de que esa jugada fallada haya sido intencional. Fue un remate desviado tras un desajuste defensivo rival, en una definición mano a mano de alta presión, algo que le ocurre a cualquier delantero en cualquier liga. Que un sector de la afición lo haya tratado como si hubiese sido deliberado no es un dato futbolístico, es un síntoma: la misma incapacidad de reconocer nuestro lugar real —esta vez, la de no reconocer que un error humano en el minuto 114 no borra ni el mérito del torneo ni el aporte de ese mismo jugador.

Ese mismo mecanismo se repite en el periodismo que privilegia el titular emocional sobre el análisis estadístico, y en los patrocinadores y dirigentes que inflan expectativas antes del torneo —como ocurrió también en 1994 con las palabras de Pelé, y en 2026 con la prensa extranjera tras el liderato sobre Portugal— para después desentenderse de la derrota. Se vende la ilusión de la final y la Bota de Oro, pero nadie de ese aparato de expectativas asume su cuota de responsabilidad cuando el resultado no llega; la factura completa la termina pagando el futbolista que erró un disparo en el minuto 114.

Si hay resumir: las cifras —2 goles en 79 disparos fuera de un solo partido, el silencio goleador de dos referentes que brillaban en Europa, una maldición reincidente en los penales, un puesto 11 en el ranking FIFA por encima de selecciones con más jugadores en las grandes ligas, y una probabilidad previa que acertó con precisión a los cuatro semifinalistas reales— explican con crudeza por qué Colombia quedó donde quedó, exactamente donde los datos ya la ubicaban antes de empezar. 

Pero la parte de la historia que de verdad no hemos resuelto como país es otra: no saber medir nuestro lugar en el fútbol mundial, ni celebrar lo que sí conseguimos —un liderato de grupo sobre Portugal, una hinchada ejemplar que llenó estadios de local en tres países distintos, un invicto de cinco partidos, un ranking que confirma que competimos de igual a igual con selecciones de mayor tradición—, porque toda esa hazaña colectiva queda sepultada bajo la exigencia de un título que solo uno de 48 equipos se lleva. Mientras la afición no distinga entre criticar un rendimiento y amenazar una vida, mientras el periodismo —local y extranjero— no resista la tentación de inflar y luego linchar, y mientras el país no aprenda a medir el éxito con una vara realista, seguiremos siendo nosotros —no los que juegan— quienes de verdad no sabemos perder.

martes, 7 de julio de 2026

Nos vamos invictos, pero con el corazón lleno de gratitud: ¡Gracias, Colombia!

Duele despedirse así. Después de un Mundial lleno de ilusión, Colombia queda eliminada en una definición desde el punto penal, esa instancia donde tantas veces el fútbol demuestra que la justicia no siempre está de su lado. Entramos como favoritos al partido decisivo contra Suiza, pero el fútbol volvió a demostrar que los penales son una auténtica lotería.

El encuentro no pasó del empate sin goles, ni siquiera después del tiempo extra, y todo quedó en manos de la tanda de penales. El desenlace fue cruel: uno de los mejores jugadores del Mundial para Colombia,  Davinson Sánchez, terminó fallando uno de los cobros, mientras que, en el caso del Cucho Hernández, el arquero simplemente adivinó el lado y evitó el gol.

Tras la polémica arbitral del partido entre Argentina y Egipto, las miradas estaban puestas en el arbitraje de esta fase, que finalmente transcurrió sin controversias. Colombia salió con la misma nómina que tantas alegrías le había dado a lo largo del campeonato. Además, este duelo frente a Suiza trajo un recuerdo imborrable: fue ante este mismo rival que, en 1994, Andrés Escobar disputó su último partido con la Selección Colombia, treinta y dos años atrás, en un episodio que la historia recordaría por razones que trascendieron el fútbol.

Hicimos muy poco durante los noventa minutos y, en la prórroga, tampoco encontramos la contundencia que el partido exigía. Colombia se despide del Mundial tras mostrar una versión desconocida, muy lejos del nivel que había exhibido a lo largo del torneo. Nos vamos invictos, pero jugando el peor partido, precisamente cuando menos podía suceder.

Solo queda agradecer a esta selección por hacernos soñar. Fue un Mundial sobresaliente para Camilo Vargas y la consolidación de jugadores como Gustavo Puerta, Davinson Sánchez, Jhon Lucumí y Daniel Muñoz, quienes sostuvieron al equipo durante gran parte del torneo. Quedaron en deuda nuestros goleadores; con la excepción de Jhon Arias, faltó eficacia cuando más se necesitaba.

Gracias a todo el equipo por el esfuerzo, la entrega y por devolvernos la ilusión. Hoy duele la eliminación, pero también queda el orgullo por el camino recorrido. Nos vamos con la frente en alto, invictos y convencidos de que esta selección tiene presente y mucho futuro.

Y, finalmente, un agradecimiento muy especial a todos los que me leyeron y acompañaron durante este Mundial. Ha sido un gusto compartir cada análisis y cada historia alrededor de la Selección Colombia. Seguramente haré algún comentario sobre los partidos que quedan por disputarse, con la esperanza de que las sombras de duda que dejaron algunos arbitrajes no vuelvan a aparecer y que el fútbol sea el único protagonista.

¡Gracias, Colombia!


Suiza espera; Colombia cree: el sueño mundialista entra en una nueva dimensión

Hoy Colombia afronta un nuevo desafío en su destacadísimo recorrido por el Mundial, la cita en Estadio BC Place de Vancouver, El rival Suiza, una selección que merece todo el respeto y que obligará a mantener la misma intensidad, disciplina y compromiso que han permitido llegar hasta aquí. Si algo ha demostrado este equipo es que no puede relajarse ni un solo instante; la fórmula sigue siendo la misma: concentración, solidaridad y confianza en lo que se puede hacer. Además de haberse ganado el reconocimiento de propios y extraños.

Suiza llega a los octavos de final habiendo terminado líder del Grupo B y luego de eliminar a Argelia con un buen juego. Durante la fase de grupos, los suizos mantuvieron un rendimiento constante al golear a Bosnia y Herzegovina, empatar con Catar y vencer a Canadá, asegurando su avance gracias a su buena ofensiva mostrada en sus recientes encuentros

Aunque se trata de una selección con tradición futbolística, es la decimotercera participación mundialista, siendo su mejor actuación los cuartos de final alcanzados en 1934, 1938 y 1954.

En las últimos tiempos Suiza se ha consolidado como un equipo competitivo —aunque sin regresar a unos cuartos de final desde 1954—, pero todavía no ha logrado instalarse entre las grandes potencias del fútbol mundial, un aspecto que Colombia intentará aprovechar para seguir haciendo historia.

La selección suiza es dirigido por Murat Yakin, quien se basa en la fortaleza en el orden, la experiencia de su capitán Granit Xhaka y el poder ofensivo de Breel Embolo, Dan Ndoye, Rubén Vargas y Johan Manzambi. Si lugar a dudas es un rival disciplinado, difícil de desorganizar y con futbolistas habituados al máximo nivel europeo, pero no invencible.

Colombia llega con argumentos suficientes para ilusionarse. Después de terminar en el primer lugar de su grupo y de avanzar a octavos con el de Jhon Arias frente a Ghana, el equipo ha demostrado personalidad, equilibrio y capacidad para competir de igual a igual contra cualquier adversario. Si mantiene la intensidad, la solidaridad defensiva y la eficacia que lo han acompañado hasta ahora, existen razones para creer que puede superar a Suiza y seguir escribiendo páginas memorables en su historia mundialista.

Pero bueno de Suiza, el país, ¿qué podemos decir? Es una nación que despierta admiración por sus paisajes y su calidad de vida. Nacida como una confederación en 1291 y reconocida por su histórica neutralidad, cuenta con cuatro idiomas oficiales —alemán, francés, italiano y romanche— y alberga importantes organismos internacionales. Para los colombianos es, además, un destino relativamente accesible, ya que no se requiere visa Schengen para estancias cortas de hasta 90 días dentro de un período de 180, gracias al acuerdo de exención vigente desde 2015 .

Eso sí, conviene preparar el presupuesto: el franco suizo es su moneda y el costo de vida figura entre los más altos del mundo. A cambio, ofrece una experiencia inolvidable entre los Alpes, ciudades como Lucerna, Zúrich y Ginebra, un sistema ferroviario ejemplar y símbolos universales como el chocolate, los quesos y los relojes. Ojalá el siguiente paso sea una nueva celebración para Colombia y que este Mundial siga alimentando un sueño que hace apenas unas semanas parecía imposible.

Esperamos que la historia que se escriba en Vancouver vuelva a tener un final feliz para Colombia. Y si el siguiente nos encontramos con Argentina, también hay motivos para creer que es posible vencerla, ya les conocemos.

lunes, 6 de julio de 2026

Un Mundial bajo cuestionamiento: cuando el criterio arbitral deja de ser el mismo para todos

Este Mundial no solo ha estado rodeado de polémicas por lo ocurrido dentro del terreno de juego. Desde antes del pitazo inicial ya existían decisiones de la organización que despertaban un intenso debate. La ampliación del formato y la división de la competición en cuartos fueron cuestionadas por muchos, pero una de las medidas más discutidas ha sido la llamada pausa de hidratación. Aunque oficialmente se justificó por las altas temperaturas, para numerosos aficionados terminó convirtiéndose en una interrupción comercial que rompía el ritmo de los partidos y ofrecía una valiosa ventana para las cadenas con derechos de televisión. Es cierto que, cuando el calor alcanzó niveles extremos, la hidratación fue necesaria para proteger la salud de los futbolistas, pero en muchos encuentros la sensación fue que el espectáculo perdió continuidad.

También debutaron nuevas reglas destinadas a acelerar el desarrollo del juego. Castigar con tiro de esquina a los arqueros que retengan excesivamente el balón y sancionar con la pérdida del saque lateral a quienes demoren la reanudación son medidas que, en términos generales, han resultado positivas. El balón permanece más tiempo en movimiento y se reducen las pérdidas deliberadas de tiempo.

Sin embargo, no todas las modificaciones parecen responder a la misma lógica. Resulta difícil comprender que un futbolista agredido deba abandonar obligatoriamente el campo para ser atendido, mientras el responsable de la acción continúe jugando con total normalidad. En la práctica, la consecuencia inmediata termina perjudicando más a la víctima que al infractor, un contrasentido para una norma que debería priorizar la protección del jugador.

A este ambiente de desconfianza también han contribuido algunas declaraciones públicas del presidente de la FIFA, Gianni Infantino. En distintas intervenciones previas y durante el torneo elogió de manera reiterada a determinadas selecciones y figuras, algo que varios medios interpretaron como una imprudencia para quien representa al organismo encargado de garantizar la neutralidad de la competición. No se trata de afirmar que esas declaraciones hayan influido en las decisiones arbitrales, pero sí de reconocer que, cuando el máximo dirigente del fútbol parece mostrar simpatías por unos equipos más que por otros, cualquier decisión polémica termina siendo observada con mayor suspicacia.

Pero, por encima de cualquier otra discusión, el arbitraje ha sido el verdadero protagonista de este Mundial. Más que errores aislados, lo que ha generado malestar es la sensación de una preocupante falta de uniformidad en la aplicación del reglamento. En unas acciones se interpreta la norma con un rigor casi microscópico, mientras que en otras prevalece un criterio mucho más permisivo. Esa inconsistencia ha alimentado la percepción de que existe un reglamento para unos equipos y otro mucho más estricto para otros.

Los ejemplos sobran desde la fase de grupos. En el partido entre Suiza y Catar se concedió un penalti precedido por un posible fuera de juego cuya revisión nunca pudo apreciarse con claridad porque la transmisión oficial no mostró la animación semiautomatizada habitual y posteriormente se reconoció una falla técnica.

En el encuentro inaugural entre México y Sudáfrica, las tres expulsiones dejaron abierta la discusión sobre el criterio disciplinario aplicado por el árbitro.

En Argentina frente a Argelia, Lionel Messi permaneció en el campo pese a una entrada con los tapones sobre la pantorrilla de un rival que muchos consideraron merecedora de una tarjeta roja. Lo que más alimentó la polémica no fue únicamente esa decisión, sino que en otras acciones de características muy similares el criterio arbitral sí fue mucho más severo y terminó con la expulsión inmediata del infractor. Esa disparidad de criterios es precisamente una de las mayores críticas que ha recibido el arbitraje durante el torneo: una misma jugada no siempre recibe el mismo castigo.

Colombia ha sido uno de los equipos que más ha sufrido la rigurosidad del fuera de juego semiautomatizado. Frente a República Democrática del Congo y Portugal le fueron anulados goles por diferencias prácticamente imperceptibles. El caso más comentado fue el de Dávinson Sánchez, cuyo tanto fue invalidado porque una mínima porción de su zapato adelantaba la posición, mientras algunos especialistas incluso cuestionaron si el VAR seleccionó el fotograma correcto para realizar la medición. Irán también padeció una situación semejante frente a Egipto, una decisión que terminó condicionando sus opciones de clasificación.

A ello se suman episodios difíciles de explicar, como el partido entre Estados Unidos y Paraguay, donde el VAR modificó una tarjeta amarilla ya mostrada alegando una confusión de identidad , o la repetición del penal ejecutado por Harry Kane frente a Croacia hasta que finalmente logró convertir, una decisión que provocó fuertes críticas por la aparente diferencia de criterio.

La fase eliminatoria tampoco estuvo exenta de controversias. El gol del empate de Croacia frente a Portugal fue anulado tras una extensa revisión del VAR, desatando la indignación de jugadores e hinchas. En el duelo entre Francia y Paraguay también hubo cuestionamientos por la permisividad arbitral frente al juego brusco, mientras que el penalti favorable a los franceses solo llegó después de la intervención del videoarbitraje.

Existe, además, un aspecto que ha incrementado aún más la desconfianza. En varias de las jugadas más polémicas de los octavos de final, la realización oficial evitó mostrar inmediatamente las repeticiones y las imágenes utilizadas por el VAR para justificar sus decisiones. En una época en la que la tecnología debería aportar transparencia, la ausencia de esas imágenes terminó produciendo el efecto contrario: alimentar las dudas y las especulaciones.

El problema de fondo no es que los árbitros se equivoquen; el error humano siempre hará parte del fútbol. Lo verdaderamente preocupante es que el VAR, una herramienta creada para reducir las injusticias, esté generando una nueva fuente de controversias por la falta de uniformidad en los criterios y por la escasa transparencia en la comunicación de sus decisiones. Si todos los árbitros trabajan con el mismo reglamento, reciben las mismas recomendaciones de la FIFA y cuentan con la misma tecnología para revisar las jugadas, resulta difícil entender por qué acciones prácticamente idénticas terminan siendo sancionadas de manera diferente. Esa es la pregunta que la FIFA aún no ha logrado responder de forma convincente. Mientras no exista una explicación clara y criterios verdaderamente uniformes, seguirá creciendo la percepción de que unas jugadas se interpretan con un rigor extremo y otras con una flexibilidad difícil de justificar. Cuando jornada tras jornada queda esa sensación, la credibilidad del torneo empieza a deteriorarse.

La FIFA siempre ha defendido que el Mundial representa la máxima expresión de la justicia deportiva. Precisamente por eso, no basta con que las decisiones sean correctas; también deben parecerlo. La confianza del aficionado no se construye únicamente con tecnología, sino con coherencia, transparencia y un criterio uniforme. Porque el mayor patrimonio de una Copa del Mundo no son sus estadios, sus cifras de audiencia o los miles de millones de dólares que genera , sino la certeza de que los 48 equipos compiten bajo las mismas reglas y son juzgados exactamente con el mismo criterio.

Y precisamente por tratarse del evento deportivo más rentable del planeta, la FIFA debería preguntarse si una parte de esos enormes ingresos está llegando realmente a donde más se necesita: al fortalecimiento de las federaciones, al desarrollo del fútbol base, a la capacitación de árbitros, a la mejora de las competiciones nacionales y al acceso de más niños y jóvenes a este deporte. 

En cambio, la percepción de muchos aficionados es distinta. Mientras el Mundial bate récords de ingresos por derechos de televisión, patrocinios y plataformas de transmisión, cada vez resulta más costoso seguir el torneo de manera legal. Pareciera que el esfuerzo está más orientado a maximizar la rentabilidad que a facilitar el acceso al espectáculo para quienes, con su pasión y fidelidad, sostienen el fútbol. 

Un aficionado no debería tener que pagar cifras desproporcionadas para disfrutar de una Copa del Mundo. Si el torneo genera miles de millones de dólares, ese éxito económico debería reflejarse no solo en los balances de la FIFA, sino también en un mayor apoyo al desarrollo del fútbol mundial y en condiciones más justas para quienes hacen posible que este deporte sea el más popular del planeta.

viernes, 3 de julio de 2026

Lo conseguimos, estamos en octavos. Vamos por Suiza

Colombia avanzó ganando en los 90 minutos. No fue una victoria brillante, pero sí una de esas que demuestran el carácter de un equipo. Colombia tuvo que trabajar más de lo esperado para superar a una Ghana ordenada y combativa, resolviendo un partido exigente gracias a su solidez colectiva y a la aparición de jugadores que, más allá de las estadísticas, resultaron decisivos. La clasificación a los octavos de final ya es una realidad y ahora el desafío se llama Suiza.

Después de ver las enormes dificultades que tuvo Argentina para derrotar a Cabo Verde, quedó claro que en esta instancia del Mundial ya no existen rivales sencillos. Cualquier selección puede complicar y Ghana no iba a ser la excepción. Colombia llegaba con la confianza que le dio terminar primera de su grupo, pero consciente de que para seguir avanzando debía volver a mostrar el fútbol que la llevó a sorprender a propios y extraños.

Néstor Lorenzo apostó por la misma formación que tan buenos resultados le ha dado durante el campeonato. En el banco de Ghana aparecía un viejo conocido de la afición colombiana: Carlos Queiroz, quien dirigió a la Selección en otra etapa de su carrera.

El partido apenas comenzaba cuando Ghana dejó claro que no había viajado a especular. En su primera aproximación inquietó con un remate que pasó desviado, una advertencia de que sería un rival dispuesto a competir.

Muy temprano llegó el primer contratiempo para Colombia. Jhon Córdoba tuvo que abandonar el terreno de juego por lesión y en su lugar ingresó Luis Suárez. Poco después también Ghana perdió a uno de sus jugadores tras una acción en la que previamente había cometido falta sobre Luis Díaz.

Los primeros minutos fueron muy disputados. Ghana esperaba ordenadamente en su campo, Colombia buscaba los espacios y John Arias recibió tarjeta amarilla. El juego se desarrollaba con muchas interrupciones y pocas oportunidades claras.

Hasta que apareció la primera gran conexión ofensiva de la noche. Luis Suárez atacó el área con inteligencia, encontró libre a John Arias y el volante definió con tranquilidad para poner el 1-0. El ingreso del delantero terminó siendo decisivo. A partir del gol Colombia ganó confianza, comenzó a mover mejor el balón y encontró mayores espacios. Poco después volvió a llegar por el centro del campo, pero el arquero ghanés respondió con seguridad.

En defensa también tenía aspectos destacados. Johan Mojica y Davinson Sánchez que controlaron con solvencia los intentos ofensivos de Ghana, evitando que los africanos encontraran profundidad.

Tras la pausa de hidratación, Colombia regresó con un ritmo algo menor. Esa disminución permitió que Ghana adelantara sus líneas, consiguiera su primer tiro de esquina y empezara a tener más posesión del balón. Sin embargo, ese dominio territorial apenas se traducía en aproximaciones sin mayor peligro.

Luis Díaz tuvo una buena oportunidad antes del descanso y, sobre el cierre de la primera parte, Daniel Muñoz envió un excelente centro que Johan Mojica conectó de cabeza, obligando nuevamente a una buena intervención del arquero rival. En los minutos finales Colombia recuperó el control del encuentro.

El balance del primer tiempo era positivo. Colombia se iba al descanso con una ventaja merecida y una presentación convincente durante buena parte del período. Aunque por momentos cedió la iniciativa, nunca perdió el orden ni permitió opciones realmente claras para Ghana.

Para la segunda mitad llamó la atención la decisión de dejar a James Rodríguez en el banco e ingresar a Richard Ríos. La modificación parecía buscar mayor recuperación y equilibrio en la mitad del campo, aunque inevitablemente el equipo perdía algo de creatividad. Ghana, por su parte, mantuvo la misma formación.

Ríos avisó de inmediato con un remate que pasó ligeramente desviado. Sin embargo, con el paso de los minutos el conjunto africano empezó a monopolizar más el balón y daba la impresión de que Colombia necesitaba un jugador capaz de administrar mejor la posesión. La presencia de Juan Fernando Quintero comenzaba a hacerse necesaria.

Aun así, Colombia siguió llegando. Gustavo Puerta probó con un potente remate desde media distancia. Después Luis Díaz logró enviar el balón al fondo de la red, pero la acción fue invalidada por fuera de lugar. Minutos más tarde volvió a quedar con espacio para definir, aunque nuevamente el gol le fue esquivo.

Mientras tanto, Luis Suárez empezaba a convertirse en uno de los hombres más importantes de Colombia. Aunque no pudo marcar, realizó un enorme trabajo de sacrificio, presionando constantemente la salida de Ghana, disputando cada balón como si fuera el último y colaborando de manera permanente en las labores defensivas. Su despliegue terminó siendo fundamental para sostener la ventaja cuando el equipo más lo necesitaba.

Con el paso de los minutos el partido se hizo más equilibrado. Finalmente llegó el ingreso de Juan Fernando Quintero por John Arias y el cambio produjo el efecto esperado. Colombia recuperó tranquilidad con el balón, administró mejor la posesión y volvió a instalarse en campo rival. Davinson Sánchez estuvo muy cerca de ampliar la diferencia tras un tiro de esquina cobrado por Quintero, pero otra vez apareció el arquero africano.

Ghana siguió insistiendo y durante algunos pasajes manejó mejor la pelota, aunque continuó mostrando muy poca eficacia cerca del área colombiana. El partido se convirtió por momentos en un ida y vuelta, pero la presencia de Quintero permitió que Colombia tuviera más profundidad y control del partido.

En los minutos finales ingresó Jhon Jáder Campaz para refrescar el ataque, mientras Luis Díaz abandonó el terreno de juego sin poder reencontrarse con el gol, tal vez la ansiedad lo ha dominado,  seguramente frente a los suizos buscará marcar. Richard Ríos también estuvo cerca de marcar, pero un defensor bloqueó oportunamente su remate.

Colombia administró con inteligencia los últimos minutos, manejó la ventaja sin sobresaltos y prácticamente no permitió que Camilo Vargas fuera exigido.

El pitazo final confirmó una clasificación muy trabajada. Fue un partido duro, intenso y mucho más complejo de lo que reflejó el marcador. El 1-0 terminó siendo suficiente gracias al orden defensivo, al compromiso colectivo y al enorme despliegue físico del equipo. Los delanteros no pudieron celebrar, pero compensaron esa ausencia con un sacrificio permanente. El partido de Luis Suárez merece una mención especial: entró de manera inesperada por la lesión de Córdoba, participó en la jugada del gol y terminó siendo uno de los futbolistas más importantes de Colombia por su entrega, inteligencia táctica y generosidad para jugar al servicio del equipo.

Colombia sufrió más durante el segundo tiempo, pero nunca perdió la compostura. Camilo Vargas prácticamente no tuvo intervenciones decisivas y la Selección volvió a demostrar que también sabe ganar cuando el partido exige oficio antes que brillantez.

Se acabó el supuesto "embrujo" de Ghana. Ahora el reto será aún mayor: en Vancouver espera Suiza, con un lugar entre los ocho mejores del Mundial en juego.

jueves, 2 de julio de 2026

Ghana, el rival que Colombia no puede subestimar: historia, figuras y el desafío por un lugar en octavos

Colombia ya superó la primera gran prueba del Mundial.Contra la mayoría de los pronósticos, la Selección terminó en el primer lugar del Grupo K, por delante d
e Portugal, una de las grandes favoritas al título. Lo hizo además dejando la sensación de que pudo haber conseguido una victoria, pues el gol anulado a Dávinson Sánchez sigue generando debate y muchos consideran que la revisión fue llevada al límite del reglamento. Pero eso ya quedó atrás. Colombia avanzó invicta y ahora comienza un nuevo desafío.

El próximo viernes 3 de julio el rival será Ghana, una selección que logró clasificarse como uno de los mejores terceros. Sobre el papel podría parecer un adversario accesible para los dirigidos por Néstor Lorenzo, pero los mundiales han demostrado una y otra vez que las estadísticas y los favoritismos sirven de poco cuando comienza el partido. La respuesta definitiva solo llegará cuando ruede el balón.

Para conocer mejor al próximo rival de Colombia conviene empezar por el país que representa. Ghana está ubicado en la costa occidental de África, sobre el golfo de Guinea. Limita con Costa de Marfil, Burkina Faso y Togo, mientras que su capital es Acra. Con cerca de 35 millones de habitantes, es considerado uno de los países con mayor estabilidad política del África occidental. Además, hizo historia al convertirse en 1957 en el primer país del África subsahariana en independizarse del dominio colonial británico, bajo el liderazgo de Kwame Nkrumah (Enciclopedia Británica

Ghana también posee una enorme riqueza histórica y cultural. Durante siglos fue conocido como la "Costa de Oro" por la abundancia de este metal precioso. Más tarde, sus fortalezas costeras, como los castillos de Cape Coast y Elmina, se convirtieron en puntos clave del comercio transatlántico de esclavos. Hoy ambos son Patrimonio Mundial de la UNESCO y constituyen algunos de los lugares más visitados del país. A ellos se suman el Parque Nacional Kakum, famoso por sus puentes colgantes sobre la selva tropical, las playas del golfo de Guinea, los mercados tradicionales de Acra y una gastronomía reconocida por platos como el jollof rice, el fufu y el banku.

Si se le mira de sus losgros futbolisticos, ganó en cuatro ocasiones la Copa Africana de Naciones Copa Africana de Naciones (1963, 1965, 1978 y 1982)alcanzó los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica 2010, quedándose a un penal de convertirse en la primera selección africana en disputar unos semifinal de una Copa del Mundo (Fifa World Cup 2010) . 

Su tradición también es sobresaliente en categorías juveniles. En 2009 conquistó la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA, convirtiéndose en la primera selección africana en lograr ese título, además de haber sido subcampeona en 1993 y 2001. Esa capacidad para formar futbolistas explica por qué Ghana habitualmente es un rival incómodo en cualquier torneo internacional. 

Por todo esto, aunque Colombia llega fortalecida tras finalizar primera de su grupo por delante de Portugal, sería un error confiarse. El equipo africano tiene historia, talento y experiencia mundialista. La Selección Colombia dio el primer gran golpe del torneo al terminar líder del Grupo K; ahora tendrá que confirmar que ese logro no fue casualidad y que está preparada para seguir soñando con llegar cada vez más lejos.

martes, 30 de junio de 2026

Los elogios ya llegaron; ahora Colombia debe demostrar que no fue casualidad

Luego de que Colombia consiguiera, contra todo pronóstico, el primer lugar de su grupo y el paso a los dieciseisavos de final, la lluvia de elogios no se ha hecho esperar. Para algunos fue el mejor partido de toda la primera fase y, para otros, la selección practicó el fútbol más vistoso del torneo. Son apreciaciones que, por momentos, parecen algo exageradas toda vez que nuestros goleadores no han podido mostrar sus capacidades.

Los elogios más llamativos han llegado desde la prensa española y, de manera poco habitual, desde algunos medios argentinos, tradicionalmente reacios a destacar el fútbol de otras selecciones. Sin embargo, otros sectores de opinión prefieren mantener la cautela, conscientes de que los verdaderos exámenes apenas comienzan

En el ámbito nacional también se ha producido un cambio de discurso en buena parte de la prensa, aunque casi siempre acompañado del inevitable "pero...". Habrá que esperar a ver si esos mismos conceptos se mantienen cuando el rival sea de mayor exigencia, cuando la estrategia utilizada no encuentre los mismos espacios o cuando aparezcan esos partidos en los que el resultado termina condicionado por decisiones arbitrales o detalles que escapan al control de quienes están dentro del campo.

Lo cierto es que Colombia suele mostrar una versión más competitiva cuando enfrenta a selecciones de peso. Parece existir un incentivo adicional en los jugadores y, al mismo tiempo, estos rivales acostumbran a proponer partidos más abiertos, dejando espacios que favorecen las características ofensivas de nuestro equipo.

Ojalá que tantos reconocimientos sirvan como un estímulo y no como motivo de exceso de confianza. El desafío ahora será sostener ese nivel y demostrar que lo exhibido ante Portugal no fue un hecho aislado.

La próxima prueba llegará el viernes 3 de julio frente a Ghana, un rival de respeto que seguramente exigirá la mejor versión de Colombia. Como ocurre en cualquier partido de eliminación directa, ambos equipos deberán mostrar todos sus recursos futbolísticos para mantenerse con vida en el torneo. Nuestra selección habrá contado con casi ocho días para preparar este compromiso, estudiar las fortalezas y debilidades del rival y diseñar la estrategia que le permita seguir avanzando en este Mundial.

sábado, 27 de junio de 2026

Colombia silenció a sus detractores: empató con Portugal, terminó primera y un milímetro le negó una victoria histórica

La Selección Colombia respondió de la mejor manera a quienes durante los últimos días habían puesto en duda su nivel. Frente a una de las grandes favoritas al título, el equipo de Néstor Lorenzo disputó, probablemente, su mejor partido del Mundial, dominó largos pasajes del encuentro, terminó como líder del Grupo K y solo un fuera de juego detectado por el VAR, medido al milímetro, le impidió derrotar a la poderosa Portugal.

La jornada comenzó con un sentido minuto de silencio en homenaje a las víctimas de la tragedia ocurrida en Venezuela. Después llegó el fútbol y también algunas sorpresas en la formación colombiana. Néstor Lorenzo decidió dar descanso desde el inicio a dos de los jugadores más destacados de las jornadas anteriores, Johan Mojica y Daniel Muñoz, sin que ello afectara el funcionamiento del equipo.

Colombia salió decidida a demostrar que podía competir de tú a tú con uno de los grandes favoritos del campeonato. Desde el comienzo tomó la iniciativa y generó las primeras aproximaciones de peligro, mientras Portugal, sorprendida por la intensidad de la Tricolor, se mostró cautelosa y con pocas ideas para romper el orden defensivo colombiano.

La ocasión más clara de la primera parte llegó en los pies de Jhon Córdoba, cuyo remate obligó al arquero portugués a una gran intervención. Poco después volvió a aparecer el guardameta luso para evitar la apertura del marcador, confirmando que Colombia era el equipo que más buscaba el gol.

Hasta la pausa de hidratación, el balance era contundente: Portugal aún no había generado verdadero peligro sobre el arco defendido por Camilo Vargas, mientras Colombia obligaba constantemente a los europeos a retroceder y defender cerca de su área.

Con el paso del partido comenzaba a sobresalir Santiago Arias. El lateral derecho respondió plenamente a la confianza de Néstor Lorenzo con un despliegue impecable por su banda, sólido en defensa y siempre dispuesto a proyectarse al ataque, convirtiéndose paulatinamente en uno de los hombres más importantes de Colombia.

Solo en el tramo final del primer tiempo Portugal logró reaccionar. Camilo Vargas respondió con seguridad cuando fue exigido por primera vez y evitó la apertura del marcador. Fue el mejor momento de los europeos antes del descanso, aunque la sensación general era que Colombia había sido superior durante la mayor parte de la etapa inicial.

En el reinicio, Portugal fue el único equipo que realizó modificaciones, buscando cambiar el rumbo de un compromiso que hasta ese momento no había logrado controlar. El encuentro ganó intensidad y se convirtió en un atractivo intercambio de ataques.

Davidson Sánchez volvió a mostrarse firme en defensa, mientras Jefferson Lerma estuvo cerca de sorprender con un potente remate desde media distancia.

Solo después Néstor Lorenzo decidió mover el banco. Los ingresos de Richard Ríos y Luis Suárez le dieron aire fresco al equipo, aunque sorprendió la salida de Lerma, quien estaba firmando un partido muy completo.

Colombia mantuvo la iniciativa. Richard Ríos estuvo muy cerca de abrir el marcador tras un preciso centro de Santiago Arias, quien seguía siendo una permanente alternativa por el costado derecho y confirmaba el excelente partido que estaba realizando.

La pausa de hidratación de la segunda mitad dejó la misma sensación que había acompañado gran parte del encuentro: Colombia había hecho mucho más para quedarse con la victoria, aunque el fútbol no siempre recompensa los merecimientos.

Más adelante ingresaron Juan Fernando Quintero y Kevin Castaño en reemplazo de James Rodríguez y John Arias para darle un nuevo impulso al equipo en el tramo decisivo del partido.

Con el paso de los minutos aumentó la tensión, pero no disminuyó la ambición de Colombia. Santiago Arias seguía destacándose por su seguridad defensiva y sus constantes proyecciones. Más adelante ingresó Daniel Muñoz y, poco después, Luis Suárez volvió a quedar muy cerca del gol, pero otra brillante intervención del arquero portugués mantuvo el empate.

Cuando todo parecía encaminado hacia un empate sin goles llegó la jugada que hizo estallar de emoción a los miles de colombianos presentes en el estadio. Davidson Sánchez envió el balón al fondo de la red tras una magnífica asistencia de Juan Fernando Quintero. Colombia celebró lo que parecía una victoria histórica frente a una de las grandes candidatas al título.

Sin embargo, la celebración duró poco. El VAR intervino y anuló la anotación por un fuera de juego determinado por apenas unos milímetros. Una decisión extremadamente ajustada que vuelve a abrir el debate sobre este tipo de acciones, pues diferencias prácticamente imperceptibles terminan invalidando goles legítimos desde el punto de vista del espectáculo. Quizá el reglamento deba evolucionar para evitar que el fútbol siga perdiendo emociones por decisiones milimétricas.

Portugal todavía tuvo una última aproximación de peligro en el tiempo añadido, pero Colombia respondió con orden y personalidad hasta el pitazo final.

El empate dejó una conclusión contundente: Colombia terminó primera de su grupo, contra todo pronóstico. Y lo hizo jugando, probablemente, su mejor partido de la Copa del Mundo.

La Tricolor respondió en la cancha a quienes cuestionaban su rendimiento. Ante una selección portuguesa llamada a pelear por el título, el equipo de Néstor Lorenzo fue superior durante buena parte del encuentro, generó las mejores opciones y estuvo mucho más cerca de la victoria. De no haber sido por una decisión milimétrica del VAR, Colombia habría derrotado con justicia a uno de los máximos favoritos del torneo.

Con el pitazo final quedó claro que Santiago Arias terminó erigiéndose como la gran figura de Colombia. El lateral firmó una actuación sobresaliente, anuló su sector, aportó profundidad en ataque y fue protagonista en varias de las mejores acciones ofensivas colombianas. Del lado portugués, el reconocimiento fue para su arquero, quien con varias intervenciones decisivas evitó una derrota que, por lo mostrado durante los noventa minutos, Colombia mereció ampliamente.

Portugal, la primera gran prueba de Colombia en el Mundial: mucho más que el liderato está en juego

Hoy 27 de junio, a las 6:30 p.m. (hora colombiana), la Selección Colombia enfrentará a Portugal en el Hard Rock Stadium de Miami, por la tercera jornada del Grupo K de la Copa Mundial de la FIFA 2026. 

El Mundial ya nos tiene viviendo en modo futbolero las veinticuatro horas del día. Colombia goleó a Uzbekistán en el Estadio Azteca, luego superó a la República Democrática del Congo en Guadalajara y ahora afronta lo que muchos consideran su primer gran examen en el torneo: Portugal. La selección liderada por Cristiano Ronaldo sigue siendo una de las potencias más respetadas del fútbol mundial, pese a haber comenzado su participación con un inesperado empate frente a la República Democrática del Congo.

Se trata de un partido que podría definir el liderato del grupo y, con ello, el camino que deberá recorrer la Tricolor en las fases de eliminación directa. Por eso, más que tres puntos, está en juego una ventaja estratégica que puede resultar decisiva en las aspiraciones colombianas.

Pero más allá del fútbol, Portugal también despierta interés por su historia y su riqueza cultural. Situado en el extremo suroccidental de Europa, en la Península Ibérica, y acompañado por los archipiélagos de Madeira y las Azores en el océano Atlántico, este país de aproximadamente diez millones de habitantes tiene como capital a Lisboa y utiliza el euro como moneda oficial. Disfruta de cerca de tres mil horas de sol al año y es considerado uno de los destinos turísticos más atractivos del continente.

Su historia se remonta a más de ocho siglos. Desde su independencia en 1143, Portugal se consolidó como una de las naciones más antiguas de Europa. Durante los siglos XV y XVI protagonizó la llamada Era de los Descubrimientos, cuando navegantes como Vasco da Gama y Pedro Álvares Cabral abrieron rutas marítimas que conectaron Europa con África, Asia y América. Siglos después, en 1974, la Revolución de los Claveles puso fin pacíficamente a una larga dictadura y se convirtió en un símbolo mundial de transición democrática.

En el plano futbolístico, la selección portuguesa también ha construido una historia destacada. Su primera gran actuación mundialista llegó en Inglaterra 1966, cuando alcanzó el tercer lugar con Eusébio como máximo goleador del torneo. Décadas más tarde conquistó la Eurocopa de 2016 tras derrotar a Francia en la final, y posteriormente sumó los títulos de la Liga de Naciones de la UEFA en 2019 y 2025. Al inicio de este Mundial figuraba entre las seis mejores selecciones del ranking FIFA.

La calidad de su plantilla explica buena parte de ese éxito. Cristiano Ronaldo sigue siendo el capitán y referente, acompañado por figuras como Bruno Fernandes, Rúben Dias, Bernardo Silva, Vitinha, João Neves, Nuno Mendes y Gonçalo Ramos. Varios de ellos militan en clubes de élite como Manchester City, Manchester United y Paris Saint-Germain, reciente campeón de Europa.

Este sábado Colombia escribirá un nuevo capítulo de su historia mundialista. Noventa minutos pueden definir buena parte de su destino en el torneo. Será una noche para reunirse, compartir la ilusión y vivir cada jugada con la intensidad que caracteriza al hincha colombiano. Y si después del partido queda la curiosidad por conocer mejor al rival, Portugal ofrece suficientes razones para convertirse también en un destino soñado fuera de las canchas.

martes, 23 de junio de 2026

¡Colombia ya está en la siguiente fase! Venció a Congo y ahora va por el liderato ante Portugal

La Selección Colombia logró una victoria tan valiosa como exigente. El 1-0 sobre la República Democrática del Congo le aseguró el cupo a la siguiente fase del Mundial, pero también dejó varias enseñanzas antes del decisivo compromiso frente a Portugal, que definirá el primer lugar del Grupo K. Aunque la Tricolor dominó la mayor parte del encuentro y generó suficientes oportunidades para resolverlo con mayor tranquilidad, volvió a evidenciar problemas de definición y terminó sufriendo innecesariamente ante un rival que nunca renunció a complicar el partido.

La previa ya anticipaba el ambiente de una gran noche para la Selección Colombia. El estadio de Guadalajara lució un impresionante tendido amarillo, con miles de aficionados colombianos que prácticamente hicieron sentir al equipo como local (algo parecido al Azteca). El momento más emotivo llegó durante la interpretación de los himnos nacionales, cuando el ensordecedor canto de los seguidores acompañaron el Himno Nacional de Colombia, poniendo la piel de gallina y marcando el inicio de un partido con auténtico ambiente mundialista.

El equipo de Néstor Lorenzo salió decidido a imponer condiciones. Daniel Muñoz avisó muy temprano y poco después celebró un gol que fue invalidado por fuera de lugar. Colombia asumió el control del balón desde el comienzo y buscó diferentes caminos para abrir el marcador.

La insistencia continuó con remates de James Rodríguez y Luis Díaz, pero el arquero congoleño respondió con intervenciones de gran nivel. Ante la férrea defensa africana, la Selección también recurrió con frecuencia a los remates de media distancia, mientras Kevin Puerta y otros jugadores intentaban sorprender desde fuera del área.

Hasta la pausa de hidratación, Colombia mostró un fútbol dinámico, con buena circulación de balón, intensidad en la presión y constantes llegadas sobre el arco rival. Después de la interrupción el ritmo disminuyó ligeramente, aunque el control del partido siguió siendo colombiano.

La única aproximación de cierto riesgo para la República Democrática del Congo durante el primer tiempo terminó en las manos de Camilo Vargas, quien respondió con seguridad.

El balance de la primera parte fue ampliamente favorable para Colombia: dominio territorial, múltiples opciones de gol, variedad de recursos ofensivos y la sensación de que únicamente faltaba traducir esa superioridad en el marcador.

El segundo tiempo mantuvo prácticamente el mismo libreto. Colombia siguió llevando la iniciativa y la República Democrática del Congo volvió a apostar por un esquema con cinco defensores, muy similar al que le permitió neutralizar durante largos pasajes a Portugal. El conjunto africano esperó ordenadamente, cerró espacios y buscó sorprender únicamente mediante el contragolpe.

La Tricolor continuó generando oportunidades, pero volvió a carecer de eficacia en los metros finales. Néstor Lorenzo refrescó el ataque con los ingresos de Juan Fernando Quintero y Jhon Córdoba, mientras la salida de James Rodríguez dejó algunas muestras de inconformidad. Quintero aportó claridad y creatividad, aunque el gol seguía sin llegar.

El premio a la insistencia apareció finalmente gracias a Daniel Muñoz, quien coronó una destacada actuación encontrando el gol que tanto había buscado durante el partido. El tanto hizo justicia con el desarrollo del encuentro y reflejó la superioridad colombiana, era la tercera vez que Muñoz lo intentaba.

Sin embargo, Colombia no logró aprovechar los espacios que dejó el rival para liquidar el compromiso. Luis Díaz volvió a marcar, pero nuevamente la acción fue invalidada por fuera de lugar, una situación que se repitió con demasiada frecuencia y que evidencia la necesidad de mejorar la sincronización de los movimientos ofensivos.

Los minutos finales dejaron una sensación agridulce. En lugar de administrar el resultado con mayor posesión y serenidad, Colombia permitió que el partido se hiciera abierto y terminó defendiendo demasiado cerca de su arco. La República Democrática del Congo encontró espacios, obligó a Camilo Vargas a intervenir con seguridad y estuvo cerca de llevarse un empate que habría castigado el dominio colombiano.

El triunfo nunca estuvo en discusión desde lo futbolístico, pero sí terminó siendo más angustioso de lo necesario. Colombia mostró argumentos colectivos, buen funcionamiento y capacidad para generar ocasiones de gol, pero deberá mejorar la eficacia frente al arco, evitar los reiterados fuera de lugar y, sobre todo, tener mayor tranquilidad e inteligencia para manejar los partidos cuando consigue la ventaja. Ante un rival de la jerarquía de Portugal, esas situaciones pueden marcar la diferencia entre ganar el grupo o resignar el segundo lugar. La buena noticia es que el primer objetivo ya está cumplido: la Selección está clasificada y ahora tendrá una excelente prueba para medir su verdadero nivel frente a uno de los favoritos del campeonato.

lunes, 22 de junio de 2026

República Democrática del Congo nuestro próximo rival: ya mostró de lo que es capaz empatando a Portugal

Colombia inició el Mundial 2026 con la autoridad que se espera de una selección llamada a hacer historia: goleó, gustó (bueno a los genios del comentario, no) y despejó las dudas iniciales frente a Uzbekistán. Pero ahora espera un desafío bien distinto. En la segunda jornada de la fase de grupos aparecen los Leopardos, la selección de la República Democrática del Congo, que en su debut le mostró las garras a la Portugal de Cristiano Ronaldo y le arrebató un valiosísimo empate. El mensaje fue claro: nadie debe subestimar al rival. 

¿Quién es nuestro rival?

Conviene hacer una precisión importante desde el comienzo, porque es fácil tropezar con el nombre: una cosa es la República Democrática del Congo, cuya capital es Kinshasa, y otra muy distinta la vecina República del Congo, con capital en Brazzaville. Son dos países diferentes, separados por el río Congo, y aunque comparten historia y lazos culturales, la RDC es el segundo país más extenso de África y el que ahora vuelve a una Copa del Mundo. 

Para muchos aficionados colombianos el nombre puede sonar nuevo, pero en realidad se trata de un viejo conocido del fútbol mundial: disputó el Mundial de Alemania 1974 bajo el nombre de Zaire, y ahora regresa después de más de cincuenta años, por primera vez con su denominación actual. Tal vez la generación de los 60s recuerda a Zaire por el combate de Mohamed Alí contra George Foreman, en la capital Kinshasa.

Medio siglo después, los Leopardos vuelven a la élite con una generación que combina potencia física, velocidad y oficio europeo. Ubicada en el corazón mismo del continente, la RDC comparte fronteras con nueve países —República del Congo, República Centroafricana, Sudán del Sur, Uganda, Ruanda, Burundi, Tanzania a través del lago Tanganica, Zambia y Angola—, lo que la convierte en un cruce de caminos estratégico. 

La diversidad humana también desborda cualquier intento de resumen: más de 230 lenguas conviven en su territorio junto a cientos de grupos étnicos. El francés es el idioma oficial, herencia de su pasado colonial belga, y el soukous, un ritmo que bebe de la rumba cubana, es banda sonora de su identidad cultural y ha influido durante décadas en la música de toda África.

En lo futbolístico, los Leopardos han dado un salto de calidad apoyados en jugadores que militan en ligas europeas de primer nivel. Sus principales figuras son Yoane Wissa, delantero del Brentford inglés; Chancel Mbemba, defensor del Olympique de Marsella; Meschack Elia, extremo del Nantes; Arthur Masuaku, lateral del Beşiktaş turco; y Samuel Moutoussamy, mediocampista del Sivasspor. No son nombres de relleno: son titulares en sus clubes y aportan experiencia en las competiciones más exigentes. Esa mezcla de talento y músculo se traduce en un equipo fuerte físicamente, rápido en las transiciones, sólido en defensa y muy peligroso en el juego aéreo y la pelota quieta. Justo lo que mostró en su debut mundialista: un empate 1-1 ante Portugal que nadie había previsto y que dejó claro que la RDC no viajó a este Mundial de paseo.

Aunque la República Democrática del Congo posee una riqueza natural descomunal, el turismo no es hoy una opción recomendable debido a los problemas de seguridad que persisten en varias regiones. Sin embargo, en su territorio se esconden algunos de los paisajes más impresionantes del planeta: el Parque Nacional Virunga, hogar de los gorilas de montaña; el Parque Nacional Kahuzi-Biega, refugio de los gorilas de llanura; las cataratas Boyoma; el curso inabarcable del río Congo y Kinshasa; una de las ciudades más grandes de África, reconocida por su efervescencia cultural y musical. 

Los Leopardos continúan en el Mundial con la ilusión intacta de quien ya saboreó una pequeña gesta. Colombia, también hizo los suyo, aunque brilló en su debut, necesita dar un paso más hacia los octavos de final. Tendrá enfrente a una selección en pleno crecimiento, con talento, potencia y el respaldo de quien ya miró a los ojos a Portugal sin pestañear. La cita es exigente, pero también es el tipo de partido que define a los equipos grandes. En juego, mucho más que tres puntos. Esperamos darles el zarpazo.

sábado, 20 de junio de 2026

Mañana por fin elegiremos presidente de los colombianos: ¿realmente representa nuestras ideas?

Mañana elegiremos al presidente de los colombianos y como ocurre en cada campaña, los candidatos buscan ganar la preferencia de los votantes hablando de economía, educación, seguridad o investigación. Sin embargo, el debate termina reduciéndose a ataques contra el adversario y a estrategias emocionales que muchas veces dejan en segundo plano la discusión seria de las propuestas.

Pero esta reflexión no pretende centrarse únicamente en los candidatos. Es una autocrítica como ciudadanos. Así como cuestionamos la coherencia ideológica de quienes aspiran al poder. Vale la pena preguntarnos si nuestras propias posiciones políticas son realmente coherentes con el candidato que apoyamos.

Muchos nos identificamos como de izquierda, derecha, centro, liberales o conservadores, aunque no siempre tengamos claridad sobre lo que implican esas corrientes políticas. En ocasiones apoyamos candidatos por simpatía, tradición familiar, rechazo hacia otro sector político o por el impacto emocional de las campañas, sin analizar si sus propuestas coinciden realmente con nuestra visión de sociedad.

Por eso resulta importante hacer un ejercicio de reflexión personal. Una manera es conocer las características básicas de las diferentes corrientes políticas y compararlas con nuestras ideas sobre temas como el papel del Estado, la economía, la seguridad, las libertades individuales o la justicia social. También existen herramientas más rápidas, como tests ideológicos tipo Political Compass, que permiten identificar tendencias políticas a partir de preguntas concretas. Aunque estas herramientas no ofrecen resultados absolutos, sí pueden servir como punto de partida para pensar críticamente nuestras posiciones.

Incluso hoy es posible utilizar herramientas de inteligencia artificial que, mediante preguntas cerradas, elaboran perfiles políticos aproximados según nuestras respuestas.

El objetivo no es etiquetarnos políticamente ni asumir que una ideología es superior a otra. La intención es preguntarnos con honestidad, si el candidato que apoyamos representa realmente nuestras convicciones o si nuestra decisión está siendo influenciada principalmente por emociones, polarización o tendencias del momento. Reconocer esas posibles contradicciones también hace parte de una ciudadanía más consciente.

viernes, 19 de junio de 2026

El Mundial más global de la historia: los sorprendentes datos que deja la Copa de 2026

El Mundial de 2026 ya es histórico incluso antes de definir a su campeón. Con 48 selecciones participantes y 1.248 futbolistas, ya es la Copa del Mundo más grande y global de todos los tiempos y, por lo que va del torneo, también la de mayor asistencia promedio, pese a contar con dos países anfitriones sin una gran tradición futbolística. Esto refleja cómo el fútbol ha derribado fronteras tanto dentro como fuera de la cancha.

Pero más allá de los récords, esta Copa del Mundo deja una serie de datos curiosos que ayudan a entender por qué será una edición diferente. Muchos de los goles que millones de aficionados celebrarán durante el torneo serán anotados por futbolistas que ni siquiera nacieron en el país cuya camiseta defienden, una realidad que evidencia el impacto de la migración y la globalización en el fútbol moderno. También hay equipos con plantillas completamente nacionales, países cuyos jugadores y entrenadores representan o dirigen selecciones de otras naciones, y cifras inéditas que hacen de esta cita mundialista una de las más interesantes de la historia.

Solo ocho selecciones (16 %) cuentan con plantillas integradas exclusivamente por futbolistas nacidos en el país que representan: Brasil, Colombia, Austria, República Checa, Suecia, Panamá, Arabia Saudita y Sudáfrica (Flashscore). En contraste, cerca de uno de cada cuatro jugadores convocados nació en una nación distinta a la que defenderá en el torneo, una cifra sin precedentes en la historia de los Mundiales (GZERO Media). Este fenómeno está estrechamente ligado a los grandes movimientos migratorios de las últimas décadas, que han llevado a millones de personas a establecerse en otros países y han permitido que nuevas generaciones de futbolistas representen la nación donde crecieron, obtuvieron la ciudadanía o desarrollaron su carrera deportiva.

Curazao encabeza la lista de equipos con más futbolistas nacidos en el extranjero, con 25, seguida por Congo y Marruecos, con 19 cada una (Bolavip). También destacan Bosnia y Herzegovina, Argelia y Haití, reflejando el impacto de las migraciones, las diásporas (comunidades de personas que viven fuera de su país de origen) y diversos procesos históricos en la conformación de sus plantillas. De hecho, Túnez, Argelia, Bosnia, Congo y Qatar tienen más de la mitad de sus convocados nacidos fuera de sus fronteras (Front Office Sports).

Francia es el país que más jugadores aporta al Mundial. Un total de 99 futbolistas nacidos en territorio francés disputan la Copa del Mundo, aunque solo 23 lo hacen con la selección gala. Los demás representan a otras naciones, especialmente Argelia, Haití y Congo, gracias a los fuertes vínculos históricos y migratorios (Bolavip).

La globalización también se refleja en los bancos. Argentina aporta seis técnicos, más que cualquier otro país: Lionel Scaloni, Marcelo Bielsa, Mauricio Pochettino, Néstor Lorenzo, Sebastián Beccacece y Gustavo Alfaro dirigen distintas selecciones (everythingedinburgh.com). Además, más de la mitad de los técnicos del torneo están al frente de un país distinto al de su nacionalidad. Entre ellos sobresalen Thomas Tuchel con Inglaterra, Ralf Rangnick con Austria y Carlo Ancelotti, quien intentará llevar a Brasil a un nuevo título (fifaworldcupnews.com).

El entrenador más joven de la Copa será Julian Nagelsmann, de 38 años, al mando de Alemania, mientras que el neerlandés Dick Advocaat, de 78, hará historia como el técnico de mayor edad en un Mundial (Win Sports Online).

Sin embargo, hay un dato que añade aún más interés al torneo: ninguna selección ha logrado conquistar una Copa del Mundo con un entrenador extranjero (RotoWire). ¿Podrán Brasil con Carlo Ancelotti o Estados Unidos con Mauricio Pochettino romper esa tradición en 2026?

Colombia también aporta una curiosidad a esta Copa del Mundo. Aunque como ya se dijo, nuestra selección hace parte del reducido grupo de equipos conformados exclusivamente por futbolistas nacidos en su territorio, algunos jugadores nacidos en el país defenderán otras camisetas. El caso más conocido —y más llamativo— es el de Julián Quiñones, nacido en Magüí Payán, Nariño, quien no solo representa a México tras nacionalizarse en 2023, sino que anotó el primer gol del Mundial 2026 en el partido inaugural contra Sudáfrica, convirtiéndose en el primer colombiano en marcar un gol de apertura en una Copa del Mundo, aunque vistiendo otra camiseta (GolCaracol / Al Día). Un ejemplo más de cómo la migración, las dobles nacionalidades y las oportunidades deportivas han convertido al Mundial de 2026 en el torneo más global de la historia.

miércoles, 17 de junio de 2026

Colombia dio el primer golpe: venció a Uzbekistán y tomó el liderato del Grupo K

La espera terminó. Durante horas, las calles colombianas se vistieron de amarillo, la ilusión acompañó a miles de colombianos y la expectativa fue creciendo a medida que se acercaba el pitazo inicial. No faltaron los escépticos, los que advertían un debut complicado y sembraban dudas sobre el estreno mundialista. Sin embargo, cuando el balón comenzó a rodar, la Selección Colombia dejó esa mala vibra fuera de la cancha y asumió el protagonismo.

El estadio Azteca lució completamente lleno y la multitud colombiana hizo sentir al equipo como local. Aunque la selección vistió de azul, el amarillo dominó ampliamente las tribunas, Uzbequistán a hacer lo suyo.

Colombia inició el encuentro muy seria. Controló la posesión, ocupó bien los espacios y obligó a Uzbekistán a refugiarse en un esquema muy disciplinado, diseñado por Fabio Cannavaro para cerrar caminos y esperar el error rival. La propuesta recordó al tradicional fútbol italiano: orden, paciencia y defensa muy sólida.

La superioridad colombiana tardó en reflejarse en el marcador. Luis Díaz estuvo muy cerca de abrir la cuenta con un remate al palo, antes de que Daniel Muñoz rompiera el equilibrio con una magnífica definición. Hasta ese momento, casi al final de la primera parte, el partido parecía desarrollarse exactamente como lo había imaginado Colombia.

Pero el compromiso cambió después del descanso.

Cannavaro modificó el comportamiento de su equipo y Colombia tardó en interpretar el nuevo escenario. Uzbekistán dejó de esperar, adelantó sus líneas, presionó con mayor intensidad y encontró espacios que durante la primera mitad no habían existido. Consiguió el empate que no fue producto del azar; fue consecuencia de un rival que leyó mejor el partido durante varios pasajes del segundo tiempo.

La reacción colombiana fue inmediata y volvió a aparecer el jugador diferente de la noche. Luis Díaz, pese al fuerte marcaje y a las reiteradas faltas que sufrió durante todo el encuentro, desequilibró una vez más para devolverle la ventaja a la selección.

Sin embargo, ese segundo gol no significó tranquilidad. Por el contrario, Colombia comenzó a ceder terreno. Los cambios enviaron un mensaje claro: proteger el resultado antes que ir por el control definitivo del partido. La salida de James Rodríguez sorprendió, especialmente porque Juan Fernando Quintero permaneció en el banco, y el equipo fue perdiendo capacidad para conservar el balón y administrar el ritmo del juego.

Uzbekistán entendió que el partido seguía abierto y terminó imponiendo las condiciones emocionales del cierre. Colombia retrocedió demasiado, renunció por momentos a la posesión y permitió que el rival creciera. Incluso desperdició una oportunidad muy clara para liquidar el compromiso, lo que prolongó innecesariamente el suspenso, Lermá falló una pelota clara.

El tercer gol, nacido del coraje de Cucho Hernández y concretado por Jaminton Campaz, alivió la tensión y dio una diferencia que el desarrollo del segundo tiempo no reflejaba del todo. Aun así, antes del pitazo final, un remate uzbeko que se estrelló en el palo recordó que el partido nunca estuvo completamente bajo control.

El balance deja sensaciones encontradas. Colombia fue superior en el primer tiempo, tuvo individualidades decisivas y ganó con justicia. Pero también evidenció dificultades para adaptarse a los cambios tácticos del rival, perdió el control del juego durante largos pasajes del complemento y terminó sufriendo más de lo necesario.

Lo importante es que los tres puntos quedaron en el bolsillo. El empate entre Portugal y la República Democrática del Congo dejó a Colombia como líder del Grupo K al término de la primera jornada. Ahora el desafío será confirmar esa posición frente al conjunto africano, corrigiendo las dudas que dejó el segundo tiempo. En un Mundial, ganar siempre es importante; aprender de las victorias puede ser aún más valioso. Y haber si cambian el discurso los contradictores. 

!!Vamos Colombia¡¡

viernes, 12 de junio de 2026

Desde la Ruta de la Seda hasta el Estadio Azteca: Uzbekistán, el primer rival de Colombia

El próximo 17 de junio Colombia debutará en el Mundial de Fútbol 2026. La cita será en el Estadio Azteca de Ciudad de México, que por tercera vez albergará una Copa del Mundo. En 1970 fue testigo de la consagración de Brasil y de Pelé, quien levantó allí su tercer título mundial, permitiendo a los brasileños quedarse definitivamente con la Copa Jules Rimet.

Dieciséis años después, en 1986, el mismo escenario vio a Diego Maradona llevar a Argentina hacia su segunda estrella, en un torneo recordado por la «Mano de Dios». Aquel Mundial guarda además un vínculo especial con Colombia: inicialmente debía disputarse en nuestro país, que renunció a organizarlo debido a la crisis económica y a las exigencias de la FIFA (Belisario Betancur era el presidente). El destino quiso que México se quedara con la sede y que el Estadio Azteca volviera a convertirse en el centro del mundo del fútbol.

En este escenario cargado de tradición, la selección colombiana iniciará su camino frente a Uzbekistán, un rival poco conocido para la mayoría de los aficionados colombianos.

Aunque en el panorama mundial del fútbol no figura entre las potencias tradicionales, Uzbekistán —independiente desde 1991 tras la caída de la Unión Soviética— ha venido consolidando su crecimiento en los últimos años. Su jugador más reconocido es Abdukodir Khusanov, defensor que hace parte del Manchester City y que se ha convertido en uno de los referentes de una generación que sueña con dejar huella en la máxima competición del fútbol. Podría mencionarse también a Eldor Shomurodov de la Roma.

No existen antecedentes entre ambas selecciones, por lo que el encuentro marcará el primer capítulo de una relación deportiva sin historia previa. Lo que ocurra aquella tarde quedará registrado como el comienzo del vínculo entre colombianos y uzbekos en una cancha de fútbol.

Pero antes de que ruede el balón, vale la pena mirar más allá del fútbol y acercarse a un país fascinante. Situado en el corazón de Asia Central, Uzbekistán fue durante siglos una pieza fundamental de la legendaria Ruta de la Seda, la red comercial que conectó Oriente y Occidente. Sus vecinos comparten terminación: Afganistán, Tayikistán, Kirguistán, Kazajistán y Turkmenistán. Sus ciudades históricas, como Samarcanda, Bujará y Jiva, conservan impresionantes mezquitas, madrazas (universidades islámicas) y palacios que recuerdan el auge de antiguas civilizaciones.

Con una cultura moldeada por influencias persas, turcas, árabes y mongolas, Uzbekistán ofrece un patrimonio histórico extraordinario. Varios de sus lugares más visitados han sido reconocidos por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, entre ellos Khiva, Samarcanda y Bujará. Sus mercados, su gastronomía y su arquitectura convierten al país en uno de los grandes tesoros culturales menos conocidos para los latinoamericanos.

Como hombres de ciencia vale mencionar tres nombres: Al-Juarismi (siglo IX), de cuyo nombre deriva la palabra algoritmo, su libro más famoso dio origen al término álgebra; Avicena (siglo X), quien escribió El canon de medicina, usado como libro de texto durante más de 500 años; y Ulugh Beg (siglo XV), astrónomo que calculó la duración del año con notable precisión.

Esto es apenas una pequeña muestra de lo que es Uzbekistán y su gente. Quienes han visitado el país lo describen como un destino turístico a tener en cuenta: económico, seguro y buen representante de Asia Central.

Así, cuando Colombia salte al campo el 17 de junio, no solo estará enfrentando a una selección desconocida en su historia futbolística, sino también a una nación con un pasado extraordinario y una identidad cultural que merece ser descubierta.