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martes, 17 de febrero de 2026

Elecciones: El Arte de prometerlo todo

Creada con ChatGpt
Imagen creada con IA
Este año Colombia tendrá su primera contienda electoral en marzo próximo. Los partidos pondrán a consideración de la ciudadanía a sus candidatos, para que elijan al que los representará en las elecciones presidenciales. Al mismo tiempo, se renovará el Congreso: senadores y representantes, todos listos para servir al país… o al menos para afirmarlo con absoluta convicción.

Unos y otros prometen hasta lo impensable: eliminarán la pobreza, combatirán el crimen organizado, acabarán con los cultivos de coca y, de paso, resolverán cualquier otro problema histórico que haya sobrevivido a los últimos dos siglos. Lo único que, con seguridad, se agotará será la paciencia de los electores, cansados de promesas. Y como en muchos procesos anteriores, una vez instalados en sus cómodos cargos, olvidarán con sorprendente eficiencia aquella lista de compromisos y, quizá también, los rostros de aquellos ciudadanos a quienes abrazaron “fraternalmente” durante la campaña.

En las redes sociales desfilan nuestros salvadores. En la mayoría de los casos, hablan más de los errores que sus contrincantes pudieron cometer en algún capítulo remoto de sus vidas —sus antiguas creencias, sus aficiones ahora clasificadas como sospechosas, sus tendencias examinadas con lupa moral— que de sus propias ideas. Al parecer, resulta más rentable electoralmente desempolvar el pasado ajeno que explicar el futuro propio. Cada fotografía olvidada, cada opinión juvenil y cada amistad inconveniente adquieren de pronto la gravedad de un pecado capital, redescubierto con admirable puntualidad en temporada de campaña. No faltan, además, las calumnias: imágenes y videos, muchos creados con herramientas de inteligencia artificial, circulan con un realismo digno de aplauso técnico. Y no pocos colombianos les conceden credibilidad, porque si parece cierto, debe serlo. Incluso algún diario ha tenido que aclarar que ciertas publicaciones que se le atribuyen son falsas. En estos procesos, todo vale… o al menos eso parece.

En medio del espectáculo están los electores, que lamentablemente terminan enfrentados en sus círculos más cercanos: amigos que dejan de hablarse y familias que descubren que el afecto tiene límites ideológicos. Las posiciones, muchas veces poco argumentadas, se defienden con fervor casi religioso. Si el candidato comete errores, la culpa será de la oposición o de la mala prensa —aunque, claro, en ocasiones el error sea simplemente propio—. Nuestra capacidad de diálogo en temas políticos (y religiosos) es más bien escasa: preferimos la consigna al argumento y el eslogan a la reflexión.

Estas discrepancias rara vez conducen a algo distinto que a la irritación colectiva, salvo que se pertenezca a un proyecto político que haya prometido lo humano y lo divino, en cuyo caso toda contradicción será reinterpretada como parte de un brillante plan maestro aún incomprendido.

Veremos en marzo cómo queda compuesto el Congreso y si esa composición favorece a quien se posesione el 7 de agosto. Tal vez las buenas propuestas sean aprobadas independientemente de quién las presente (un optimismo casi heroico). Quizá cada legislatura se caracterice por la objetividad y el juicio ponderado de los congresistas, y no por la obediencia al líder de turno. Todo, por supuesto, en coherencia con aquella promesa que todos repiten con admirable uniformidad: “Queremos que nos elijan para trabajar por todos los colombianos”.

Y así, entre promesas extraordinarias y expectativas moderadas, la democracia vuelve a ponerse a prueba. Como siempre.

miércoles, 1 de abril de 2015

Santiago de Tunja, la historia en presente

Cinco de la tarde, caminando por calles adoquinadas, a los costados, construcciones con influencia arquitectónica española, un viento frío que recorre las calles, 2 810 msnm marca el GPS, sus habitantes muchos todavía se guarecen del frío vistiendo un ruana, estamos en el centro histórico de Tunja, el clima parece más helado para el visitante, para el tunjano es costumbre, no un esfuerzo.

Algunos conocen la capital del Departamento de Boyacá como Santiago de Tunja, sin embargo no es oficialmente el nombre, al parecer tiene que ver con la división parroquial, algunas instituciones religiosas usan ese impactante nombre. La ciudad, como la queramos llamar, está emplazada al norooriete de Colombia, la zona un poco árida en suelos, pero de riqueza histórica, exuberante desde la misma conquista hasta la creación de la República de Colombia. 

Plaza Real de Tunja
Para llegar a Tunja de Bogotá; se gastan poco más o menos dos horas, aunque en un futuro no muy lejano, esperamos que el tiempo se reduzca, terminada la doble calzada; de Chiquinquirá un hora; de Bucaramanga, algo más de cinco horas.

Para quien ha decidido destino Tunja dispone de cultura, arquitectura, y de una diversidad educativa principalmente en educación superior.
El Festival Internacional de la Cultura de Tunja ofrece a los colombianos desde 1973, una variada oferta cultural, tuvo su inicio con la Orquesta de Cámara de Leipzig y la Orquesta Sinfónica de Boston, la situación evolucionó considerando que todos los géneros tienen su propia belleza musical; se mezclan la música popular con los refinados compases de la clásica, sin embargo la música no es el único arte presente; danza, literatura, artes plásticas, cine y el patrimonio cultural.

En torno a la arquitectura; Catedral de Tunja, de gótico-isabelinos con detalles platerescos del renacimiento español. El templo de Santa Clara la Real, el de San Francisco, San Laureano y Santa Bárbara. Plaza Real de Tunja.

Pozo de Donato
Como parte de la cultura precolombina, al norte de Tunja y cerca de la UPTC, la cultura muisca contaba con un sitio sagrado en la ciudad de Hunza, hoy popularmente conocido como el Pozo de Donato, pero como etiqueta la Cámara de Comercio; Laguna de Hunzua - en homenaje al primer Zaque de Tunja -, es además un parque y museo arqueológico. El sitio está lleno de leyendas algo inverosímiles. Como parte de la leyenda, los proverbios también surgieron; ante una deuda de dudoso recaudo,"cayó al pozo de donato", !esa platica se perdió!.

La tranquilidad, las cortas distancias, han hecho de Tunja, algo parecido a una Ciudad Universitaria, varias instituciones de educación superior ofrecen sus programas en esta ciudad: Universidad de Boyacá, Universidad Antonio Nariño, Escuela Superior de Administración Pública, Cread Universidad Javeriana, Universidad Santo Tomás y la Fundación Universitaria Juan de Castellanos que nació en esta ciudad, es un institución de vocación confesional religiosa, el nombre de se debe al cura, poeta y cronista español, quien vivió sus últimos años en Tunja -. En el ámbito público quizá el más reconocido centro de educación superior; La Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. 

La propuesta universitaria es muy grande para una ciudad de poco menos de doscientos mil habitantes - sobran cupos para boyacenses, muchos se matriculan y son procedentes de Bogotá -, quizá por esto se pueden ver estudiantes de diversas regiones de la geografía colombiana.
 
Para el apasionado por el fútbol, Tunja pasó de tradición cero fútbol a contar con dos equipos en la primera división del fútbol profesional colombiano; Patriotas F.C., y Boyacá Chicó, este último campeón en una oportunidad, el estadio La Independencia invita a los tunjanos cada fin de semana a disfrutar del fútbol.
Puente de Boyacá

La cercanía de algunas ciudades y lugares históricos; Villa de Leyva, Pantano de Vargas, Puente de Boyacá , convierten a Tunja el epicentro de la Ruta Libertadora.

Si su propósito es conocer Colombia, quédese unos minutos en Tunja, le fascinará, será un estancia fenomenal, se le convertirá en familiar, regresará feliz; en últimas más de las tres efes con las que peyorativamente se refieren algunos.

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