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domingo, 19 de julio de 2026

39 días de goles y escándalos: España se corona con memoria de hierro y un único gol encajado

Durante 39 días, para los que disfrutamos el fútbol la vida giró en torno a este evento: agendas cambiadas, permisos más frecuentes, relaciones familiares que, por momentos, pasaron a un segundo plano y gastos que aumentaron. Muchos contratamos planes especiales de televisión para no perdernos un solo partido; otros trasnocharon porque en sus países los encuentros eran de madrugada o, como ocurrió en nuestra región, esperaron hasta las once de la noche para ver algunos juegos. Ahora entiendo por qué para algunos este evento opaca hasta los mismísimos Juegos Olímpicos de verano, exigiéndole al mundo un poco más de productividad.

Pero bueno, el Mundial ya se terminó y los 'sensatos' estarán más aliviados. Ahora, la verdadera crisis familiar en cada casa ya no es quién se quedó con la copa, sino el vacío que queda a partir de mañana en la sala. Con el televisor apagado, la pregunta del millón es: ¿y ahora qué vemos en plan familiar?

Como quiera que sea, tendremos que readaptarnos a quedar desprogramados por la ausencia de fútbol mundialista. Volverán nuestras ligas —cada una en su dimensión—, con nuestras estrellas locales. Regresarán las competiciones más importantes del planeta y quizá otros deportes recuperen la atención que durante estas semanas cedieron al balón. Eso sí, este Mundial dejará varios recuerdos.

Primero, será recordado como el Mundial de los escándalos. Por un lado, las denuncias de amaño: Egipto acusó arbitrajes favorables a Argentina tras la remontada de octavos (3-2), reclamó la exclusión del árbitro y de toda su terna, mientras el FBI inició una investigación sobre la AFA por un presunto caso de lavado de activos relacionado con su presidente, Claudio Tapia.

Por otro lado, la figura de Gianni Infantino también quedó bajo la lupa. La entrega del FIFA Peace Prize a Donald Trump durante el sorteo de grupos y el posterior levantamiento de una sanción al delantero estadounidense Folarin Balogun, interpretado por varios sectores como resultado de presiones políticas, llevaron incluso a que la organización FairSquare presentara una denuncia ante la comisión de ética del COI por una presunta vulneración del principio de neutralidad política.

Y en Colombia tampoco faltó la polémica. La camiseta de la Selección terminó convertida en símbolo de campaña del candidato presidencial Abelardo de la Espriella y de su partido, hasta que un juzgado penal de Bogotá ordenó cesar inmediatamente su utilización con fines políticos; después fue revocada. A ello se sumó el interminable debate tras la eliminación de la Selección: para unos, la responsabilidad fue del planteamiento técnico; para otros, de las decisiones arbitrales, de los jugadores o, simplemente, de la falta de jerarquía en los momentos decisivos. Como ya es costumbre, las redes sociales hicieron su propio campeonato, pasando del análisis a la descalificación. Algunos jugadores y miembros del cuerpo técnico incluso fueron blanco de insultos y amenazas. Pareciera que seguimos convencidos de que perder siempre exige un culpable, cuando el deporte, por definición, consiste precisamente en que casi siempre alguien pierde.

Al final, como ocurre tantas veces en el fútbol, el campeón levantará la copa, pero las polémicas seguirán jugando tiempo de reposición durante muchos años.

También lo recordaremos por ser el Mundial con más goles de grandes individualidades: Messi, Mbappé y Haaland. Es cierto que hubo más partidos, porque por primera vez participaron 48 selecciones. De esos 47 "fracasados" —como los calificó un comentarista convencido de que solo existe el éxito para quien levanta la copa—, solo uno podía terminar campeón. Los otros 47 regresarán a casa con historias muy distintas: algunos habrán decepcionado, otros simplemente confirmaron su nivel y varios habrán conseguido el mayor logro de la historia de su fútbol. Porque, para muchas selecciones, clasificar a un Mundial ya es una victoria que ninguna eliminación puede borrar.

Mientras algunos seguían repartiendo etiquetas de "fracasados", las estadísticas escribían otra historia. Con 100 partidos disputados antes de las semifinales, el torneo ya acumulaba 292 goles, para un promedio de 2,92 por encuentro, la mejor marca en más de medio siglo, algo que no ocurría desde México 1970. El récord absoluto de goles en un Mundial quedó pulverizado antes de concluir la competición. En el camino también se anotó el gol número 3.000 en la historia de los Mundiales, obra del argentino Enzo Fernández frente a Egipto.

En la carrera individual, Messi llegó a ocho goles en el torneo (21 en toda su historia mundialista) y Mbappé terminó como máximo goleador con diez tantos, encabezando la lucha por la Bota de Oro. Haaland, en su primer Mundial, terminó con siete anotaciones. Es la primera vez que tres futbolistas marcan siete o más goles en una misma edición.

Otra marca fue la asistencia a los estadios: la mayor en la historia de los Mundiales. El récord de Estados Unidos 1994 cayó antes de terminar la fase de grupos y, para los cuartos de final, el acumulado superaba los 6,5 millones de espectadores. Sin embargo, en promedio por partido continúa siendo superior el Mundial de 1994, debido principalmente a que varios escenarios de esta edición no superaban los 60.000 espectadores de capacidad.

También fue el Mundial con mayor audiencia televisiva de la historia. Solo por citar un dato, se proyectó que la final sería vista por cerca de 1.800 millones de espectadores en todo el planeta, muy por encima de los 1.500 millones que había reunido la final de Catar 2022, una cifra que seguramente volverá a confirmar que ningún otro espectáculo deportivo logra concentrar durante un mes la atención del planeta como lo hace una Copa del Mundo.

La organización entre tres países tampoco pareció ser el experimento ideal. Los desplazamientos fueron enormes; viajar de Vancouver a Ciudad de México supone más de cinco horas y media de vuelo. Algunas selecciones disputaban un partido en Estados Unidos y, apenas terminaba el encuentro, debían abandonar inmediatamente el país por razones migratorias. Una curiosa manera de entender un torneo compartido e "integrado".

En lo estrictamente futbolístico también hubo novedades reglamentarias. Se prometió aumentar el tiempo efectivo de juego, pero el resultado terminó siendo discutible. Las prolongadas revisiones del VAR y una pausa obligatoria de hidratación, de tres minutos alrededor del minuto 22 de cada tiempo, transformaron los partidos en encuentros divididos en cuatro tiempos. En algunos casos la medida estaba plenamente justificada por las altas temperaturas; en otros resultó difícil entenderla en estadios cubiertos y climatizados. Oficialmente obedecía a razones médicas. Extraoficialmente, muchos no pudieron evitar pensar que esos tres minutos también resultaban bastante convenientes para la televisión y la pauta comercial.

El torneo también dejó nombres inesperados. Gilberto Mora, con apenas 17 años, se convirtió en uno de los debutantes más jóvenes en la historia de los Mundiales y en el segundo futbolista más joven en ser titular en un partido de eliminación directa, únicamente superado por Pelé. También apareció el arquero caboverdiano Josimar "Vozinha" Évora Dias, de 40 años, prácticamente desconocido antes del torneo y convertido en héroe tras frustrar a España y luego llevar a Argentina al alargue con una actuación memorable. Y, por supuesto, Haaland, que no solo por su capacidad goleadora terminó siendo tema permanente tanto dentro como fuera de la cancha. Las redes vivieron prácticamente todo el Mundial con su imagen.

Dentro de cuatro años volveremos a jurar que ningún torneo nos cambiará la vida... hasta que llegue el siguiente Mundial y volvamos a organizar vacaciones, reuniones familiares, horarios de trabajo y horas de sueño alrededor de un balón.

La próxima cita será en España, Portugal y Marruecos, tres países mucho más cercanos entre sí. Sin embargo, ya circulan rumores sobre una nueva ampliación del número de selecciones. Quizá algún día desaparezca la fase clasificatoria y el Mundial termine disputándose en un continente entero. Si el negocio continúa marcando el camino, siempre habrá una explicación convincente para asegurar que todo se hace por el bien del fútbol. El presidente de turno de la FIFA —sea o no Gianni Infantino— encontrará la forma de explicarlo.

Pero, paradójicamente, esta vez el resultado en la cancha le dio la razón al discurso: ganó el que había hecho prácticamente todo bien. España fue, de principio a fin, la mejor selección del torneo: llegó a la final invicta, con siete victorias y un empate, con un fútbol de toque, paciencia y control que rara vez cedió la iniciativa, y cerró el Mundial habiendo encajado un solo gol en siete partidos, una cifra casi de otra época. Ferran Torres definió en el alargue (106') un 1-0 tan ajustado como merecido ante una Argentina que terminó con diez jugadores tras la expulsión de Enzo Fernández, y Rodri se llevó el Balón de Oro como mejor jugador del certamen, reflejo de un equipo que ganó siendo, además de eficaz, ampliamente superior. Un campeón que convenció tanto por lo que anotó como, sobre todo, por lo poquísimo que le anotaron.

Porque si algo demostró este Mundial es que el fútbol sigue siendo el espectáculo; el negocio, el verdadero campeonato. Y ese, por ahora, siempre lo gana la FIFA. Al menos esta vez, quien merecía ganar el fútbol también lo hizo.

lunes, 22 de junio de 2026

República Democrática del Congo nuestro próximo rival: ya mostró de lo que es capaz empatando a Portugal

Colombia inició el Mundial 2026 con la autoridad que se espera de una selección llamada a hacer historia: goleó, gustó (bueno a los genios del comentario, no) y despejó las dudas iniciales frente a Uzbekistán. Pero ahora espera un desafío bien distinto. En la segunda jornada de la fase de grupos aparecen los Leopardos, la selección de la República Democrática del Congo, que en su debut le mostró las garras a la Portugal de Cristiano Ronaldo y le arrebató un valiosísimo empate. El mensaje fue claro: nadie debe subestimar al rival. 

¿Quién es nuestro rival?

Conviene hacer una precisión importante desde el comienzo, porque es fácil tropezar con el nombre: una cosa es la República Democrática del Congo, cuya capital es Kinshasa, y otra muy distinta la vecina República del Congo, con capital en Brazzaville. Son dos países diferentes, separados por el río Congo, y aunque comparten historia y lazos culturales, la RDC es el segundo país más extenso de África y el que ahora vuelve a una Copa del Mundo. 

Para muchos aficionados colombianos el nombre puede sonar nuevo, pero en realidad se trata de un viejo conocido del fútbol mundial: disputó el Mundial de Alemania 1974 bajo el nombre de Zaire, y ahora regresa después de más de cincuenta años, por primera vez con su denominación actual. Tal vez la generación de los 60s recuerda a Zaire por el combate de Mohamed Alí contra George Foreman, en la capital Kinshasa.

Medio siglo después, los Leopardos vuelven a la élite con una generación que combina potencia física, velocidad y oficio europeo. Ubicada en el corazón mismo del continente, la RDC comparte fronteras con nueve países —República del Congo, República Centroafricana, Sudán del Sur, Uganda, Ruanda, Burundi, Tanzania a través del lago Tanganica, Zambia y Angola—, lo que la convierte en un cruce de caminos estratégico. 

La diversidad humana también desborda cualquier intento de resumen: más de 230 lenguas conviven en su territorio junto a cientos de grupos étnicos. El francés es el idioma oficial, herencia de su pasado colonial belga, y el soukous, un ritmo que bebe de la rumba cubana, es banda sonora de su identidad cultural y ha influido durante décadas en la música de toda África.

En lo futbolístico, los Leopardos han dado un salto de calidad apoyados en jugadores que militan en ligas europeas de primer nivel. Sus principales figuras son Yoane Wissa, delantero del Brentford inglés; Chancel Mbemba, defensor del Olympique de Marsella; Meschack Elia, extremo del Nantes; Arthur Masuaku, lateral del Beşiktaş turco; y Samuel Moutoussamy, mediocampista del Sivasspor. No son nombres de relleno: son titulares en sus clubes y aportan experiencia en las competiciones más exigentes. Esa mezcla de talento y músculo se traduce en un equipo fuerte físicamente, rápido en las transiciones, sólido en defensa y muy peligroso en el juego aéreo y la pelota quieta. Justo lo que mostró en su debut mundialista: un empate 1-1 ante Portugal que nadie había previsto y que dejó claro que la RDC no viajó a este Mundial de paseo.

Aunque la República Democrática del Congo posee una riqueza natural descomunal, el turismo no es hoy una opción recomendable debido a los problemas de seguridad que persisten en varias regiones. Sin embargo, en su territorio se esconden algunos de los paisajes más impresionantes del planeta: el Parque Nacional Virunga, hogar de los gorilas de montaña; el Parque Nacional Kahuzi-Biega, refugio de los gorilas de llanura; las cataratas Boyoma; el curso inabarcable del río Congo y Kinshasa; una de las ciudades más grandes de África, reconocida por su efervescencia cultural y musical. 

Los Leopardos continúan en el Mundial con la ilusión intacta de quien ya saboreó una pequeña gesta. Colombia, también hizo los suyo, aunque brilló en su debut, necesita dar un paso más hacia los octavos de final. Tendrá enfrente a una selección en pleno crecimiento, con talento, potencia y el respaldo de quien ya miró a los ojos a Portugal sin pestañear. La cita es exigente, pero también es el tipo de partido que define a los equipos grandes. En juego, mucho más que tres puntos. Esperamos darles el zarpazo.

viernes, 19 de junio de 2026

El Mundial más global de la historia: los sorprendentes datos que deja la Copa de 2026

El Mundial de 2026 ya es histórico incluso antes de definir a su campeón. Con 48 selecciones participantes y 1.248 futbolistas, ya es la Copa del Mundo más grande y global de todos los tiempos y, por lo que va del torneo, también la de mayor asistencia promedio, pese a contar con dos países anfitriones sin una gran tradición futbolística. Esto refleja cómo el fútbol ha derribado fronteras tanto dentro como fuera de la cancha.

Pero más allá de los récords, esta Copa del Mundo deja una serie de datos curiosos que ayudan a entender por qué será una edición diferente. Muchos de los goles que millones de aficionados celebrarán durante el torneo serán anotados por futbolistas que ni siquiera nacieron en el país cuya camiseta defienden, una realidad que evidencia el impacto de la migración y la globalización en el fútbol moderno. También hay equipos con plantillas completamente nacionales, países cuyos jugadores y entrenadores representan o dirigen selecciones de otras naciones, y cifras inéditas que hacen de esta cita mundialista una de las más interesantes de la historia.

Solo ocho selecciones (16 %) cuentan con plantillas integradas exclusivamente por futbolistas nacidos en el país que representan: Brasil, Colombia, Austria, República Checa, Suecia, Panamá, Arabia Saudita y Sudáfrica (Flashscore). En contraste, cerca de uno de cada cuatro jugadores convocados nació en una nación distinta a la que defenderá en el torneo, una cifra sin precedentes en la historia de los Mundiales (GZERO Media). Este fenómeno está estrechamente ligado a los grandes movimientos migratorios de las últimas décadas, que han llevado a millones de personas a establecerse en otros países y han permitido que nuevas generaciones de futbolistas representen la nación donde crecieron, obtuvieron la ciudadanía o desarrollaron su carrera deportiva.

Curazao encabeza la lista de equipos con más futbolistas nacidos en el extranjero, con 25, seguida por Congo y Marruecos, con 19 cada una (Bolavip). También destacan Bosnia y Herzegovina, Argelia y Haití, reflejando el impacto de las migraciones, las diásporas (comunidades de personas que viven fuera de su país de origen) y diversos procesos históricos en la conformación de sus plantillas. De hecho, Túnez, Argelia, Bosnia, Congo y Qatar tienen más de la mitad de sus convocados nacidos fuera de sus fronteras (Front Office Sports).

Francia es el país que más jugadores aporta al Mundial. Un total de 99 futbolistas nacidos en territorio francés disputan la Copa del Mundo, aunque solo 23 lo hacen con la selección gala. Los demás representan a otras naciones, especialmente Argelia, Haití y Congo, gracias a los fuertes vínculos históricos y migratorios (Bolavip).

La globalización también se refleja en los bancos. Argentina aporta seis técnicos, más que cualquier otro país: Lionel Scaloni, Marcelo Bielsa, Mauricio Pochettino, Néstor Lorenzo, Sebastián Beccacece y Gustavo Alfaro dirigen distintas selecciones (everythingedinburgh.com). Además, más de la mitad de los técnicos del torneo están al frente de un país distinto al de su nacionalidad. Entre ellos sobresalen Thomas Tuchel con Inglaterra, Ralf Rangnick con Austria y Carlo Ancelotti, quien intentará llevar a Brasil a un nuevo título (fifaworldcupnews.com).

El entrenador más joven de la Copa será Julian Nagelsmann, de 38 años, al mando de Alemania, mientras que el neerlandés Dick Advocaat, de 78, hará historia como el técnico de mayor edad en un Mundial (Win Sports Online).

Sin embargo, hay un dato que añade aún más interés al torneo: ninguna selección ha logrado conquistar una Copa del Mundo con un entrenador extranjero (RotoWire). ¿Podrán Brasil con Carlo Ancelotti o Estados Unidos con Mauricio Pochettino romper esa tradición en 2026?

Colombia también aporta una curiosidad a esta Copa del Mundo. Aunque como ya se dijo, nuestra selección hace parte del reducido grupo de equipos conformados exclusivamente por futbolistas nacidos en su territorio, algunos jugadores nacidos en el país defenderán otras camisetas. El caso más conocido —y más llamativo— es el de Julián Quiñones, nacido en Magüí Payán, Nariño, quien no solo representa a México tras nacionalizarse en 2023, sino que anotó el primer gol del Mundial 2026 en el partido inaugural contra Sudáfrica, convirtiéndose en el primer colombiano en marcar un gol de apertura en una Copa del Mundo, aunque vistiendo otra camiseta (GolCaracol / Al Día). Un ejemplo más de cómo la migración, las dobles nacionalidades y las oportunidades deportivas han convertido al Mundial de 2026 en el torneo más global de la historia.

viernes, 12 de junio de 2026

Desde la Ruta de la Seda hasta el Estadio Azteca: Uzbekistán, el primer rival de Colombia

El próximo 17 de junio Colombia debutará en el Mundial de Fútbol 2026. La cita será en el Estadio Azteca de Ciudad de México, que por tercera vez albergará una Copa del Mundo. En 1970 fue testigo de la consagración de Brasil y de Pelé, quien levantó allí su tercer título mundial, permitiendo a los brasileños quedarse definitivamente con la Copa Jules Rimet.

Dieciséis años después, en 1986, el mismo escenario vio a Diego Maradona llevar a Argentina hacia su segunda estrella, en un torneo recordado por la «Mano de Dios». Aquel Mundial guarda además un vínculo especial con Colombia: inicialmente debía disputarse en nuestro país, que renunció a organizarlo debido a la crisis económica y a las exigencias de la FIFA (Belisario Betancur era el presidente). El destino quiso que México se quedara con la sede y que el Estadio Azteca volviera a convertirse en el centro del mundo del fútbol.

En este escenario cargado de tradición, la selección colombiana iniciará su camino frente a Uzbekistán, un rival poco conocido para la mayoría de los aficionados colombianos.

Aunque en el panorama mundial del fútbol no figura entre las potencias tradicionales, Uzbekistán —independiente desde 1991 tras la caída de la Unión Soviética— ha venido consolidando su crecimiento en los últimos años. Su jugador más reconocido es Abdukodir Khusanov, defensor que hace parte del Manchester City y que se ha convertido en uno de los referentes de una generación que sueña con dejar huella en la máxima competición del fútbol. Podría mencionarse también a Eldor Shomurodov de la Roma.

No existen antecedentes entre ambas selecciones, por lo que el encuentro marcará el primer capítulo de una relación deportiva sin historia previa. Lo que ocurra aquella tarde quedará registrado como el comienzo del vínculo entre colombianos y uzbekos en una cancha de fútbol.

Pero antes de que ruede el balón, vale la pena mirar más allá del fútbol y acercarse a un país fascinante. Situado en el corazón de Asia Central, Uzbekistán fue durante siglos una pieza fundamental de la legendaria Ruta de la Seda, la red comercial que conectó Oriente y Occidente. Sus vecinos comparten terminación: Afganistán, Tayikistán, Kirguistán, Kazajistán y Turkmenistán. Sus ciudades históricas, como Samarcanda, Bujará y Jiva, conservan impresionantes mezquitas, madrazas (universidades islámicas) y palacios que recuerdan el auge de antiguas civilizaciones.

Con una cultura moldeada por influencias persas, turcas, árabes y mongolas, Uzbekistán ofrece un patrimonio histórico extraordinario. Varios de sus lugares más visitados han sido reconocidos por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, entre ellos Khiva, Samarcanda y Bujará. Sus mercados, su gastronomía y su arquitectura convierten al país en uno de los grandes tesoros culturales menos conocidos para los latinoamericanos.

Como hombres de ciencia vale mencionar tres nombres: Al-Juarismi (siglo IX), de cuyo nombre deriva la palabra algoritmo, su libro más famoso dio origen al término álgebra; Avicena (siglo X), quien escribió El canon de medicina, usado como libro de texto durante más de 500 años; y Ulugh Beg (siglo XV), astrónomo que calculó la duración del año con notable precisión.

Esto es apenas una pequeña muestra de lo que es Uzbekistán y su gente. Quienes han visitado el país lo describen como un destino turístico a tener en cuenta: económico, seguro y buen representante de Asia Central.

Así, cuando Colombia salte al campo el 17 de junio, no solo estará enfrentando a una selección desconocida en su historia futbolística, sino también a una nación con un pasado extraordinario y una identidad cultural que merece ser descubierta.