Dieciséis años después, en 1986, el mismo escenario vio a Diego Maradona llevar a Argentina hacia su segunda estrella, en un torneo recordado por la «Mano de Dios». Aquel Mundial guarda además un vínculo especial con Colombia: inicialmente debía disputarse en nuestro país, que renunció a organizarlo debido a la crisis económica y a las exigencias de la FIFA (Belisario Betancur era el presidente). El destino quiso que México se quedara con la sede y que el Estadio Azteca volviera a convertirse en el centro del mundo del fútbol.
En este escenario cargado de tradición, la selección colombiana iniciará su camino frente a Uzbekistán, un rival poco conocido para la mayoría de los aficionados colombianos.
Aunque en el panorama mundial del fútbol no figura entre las potencias tradicionales, Uzbekistán —independiente desde 1991 tras la caída de la Unión Soviética— ha venido consolidando su crecimiento en los últimos años. Su jugador más reconocido es Abdukodir Khusanov, defensor que hace parte del Manchester City y que se ha convertido en uno de los referentes de una generación que sueña con dejar huella en la máxima competición del fútbol. Podría mencionarse también a Eldor Shomurodov de la Roma.
No existen antecedentes entre ambas selecciones, por lo que el encuentro marcará el primer capítulo de una relación deportiva sin historia previa. Lo que ocurra aquella tarde quedará registrado como el comienzo del vínculo entre colombianos y uzbekos en una cancha de fútbol.
Pero antes de que ruede el balón, vale la pena mirar más allá del fútbol y acercarse a un país fascinante. Situado en el corazón de Asia Central, Uzbekistán fue durante siglos una pieza fundamental de la legendaria Ruta de la Seda, la red comercial que conectó Oriente y Occidente. Sus vecinos comparten terminación: Afganistán, Tayikistán, Kirguistán, Kazajistán y Turkmenistán. Sus ciudades históricas, como Samarcanda, Bujará y Jiva, conservan impresionantes mezquitas, madrazas (universidades islámicas) y palacios que recuerdan el auge de antiguas civilizaciones.
Con una cultura moldeada por influencias persas, turcas, árabes y mongolas, Uzbekistán ofrece un patrimonio histórico extraordinario. Varios de sus lugares más visitados han sido reconocidos por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, entre ellos Khiva, Samarcanda y Bujará. Sus mercados, su gastronomía y su arquitectura convierten al país en uno de los grandes tesoros culturales menos conocidos para los latinoamericanos.
Como hombres de ciencia vale mencionar tres nombres: Al-Juarismi (siglo IX), de cuyo nombre deriva la palabra algoritmo, su libro más famoso dio origen al término álgebra; Avicena (siglo X), quien escribió El canon de medicina, usado como libro de texto durante más de 500 años; y Ulugh Beg (siglo XV), astrónomo que calculó la duración del año con notable precisión.
Esto es apenas una pequeña muestra de lo que es Uzbekistán y su gente. Quienes han visitado el país lo describen como un destino turístico a tener en cuenta: económico, seguro y buen representante de Asia Central.
Así, cuando Colombia salte al campo el 17 de junio, no solo estará enfrentando a una selección desconocida en su historia futbolística, sino también a una nación con un pasado extraordinario y una identidad cultural que merece ser descubierta.