El estadio Azteca lució completamente lleno y la multitud colombiana hizo sentir al equipo como local. Aunque la selección vistió de azul, el amarillo dominó ampliamente las tribunas, Uzbequistán a hacer lo suyo.
Colombia inició el encuentro muy seria. Controló la posesión, ocupó bien los espacios y obligó a Uzbekistán a refugiarse en un esquema muy disciplinado, diseñado por Fabio Cannavaro para cerrar caminos y esperar el error rival. La propuesta recordó al tradicional fútbol italiano: orden, paciencia y defensa muy sólida.
La superioridad colombiana tardó en reflejarse en el marcador. Luis Díaz estuvo muy cerca de abrir la cuenta con un remate al palo, antes de que Daniel Muñoz rompiera el equilibrio con una magnífica definición. Hasta ese momento, casi al final de la primera parte, el partido parecía desarrollarse exactamente como lo había imaginado Colombia.
Pero el compromiso cambió después del descanso.
Cannavaro modificó el comportamiento de su equipo y Colombia tardó en interpretar el nuevo escenario. Uzbekistán dejó de esperar, adelantó sus líneas, presionó con mayor intensidad y encontró espacios que durante la primera mitad no habían existido. Consiguió el empate que no fue producto del azar; fue consecuencia de un rival que leyó mejor el partido durante varios pasajes del segundo tiempo.
La reacción colombiana fue inmediata y volvió a aparecer el jugador diferente de la noche. Luis Díaz, pese al fuerte marcaje y a las reiteradas faltas que sufrió durante todo el encuentro, desequilibró una vez más para devolverle la ventaja a la selección.
Sin embargo, ese segundo gol no significó tranquilidad. Por el contrario, Colombia comenzó a ceder terreno. Los cambios enviaron un mensaje claro: proteger el resultado antes que ir por el control definitivo del partido. La salida de James Rodríguez sorprendió, especialmente porque Juan Fernando Quintero permaneció en el banco, y el equipo fue perdiendo capacidad para conservar el balón y administrar el ritmo del juego.
Uzbekistán entendió que el partido seguía abierto y terminó imponiendo las condiciones emocionales del cierre. Colombia retrocedió demasiado, renunció por momentos a la posesión y permitió que el rival creciera. Incluso desperdició una oportunidad muy clara para liquidar el compromiso, lo que prolongó innecesariamente el suspenso, Lermá falló una pelota clara.
El tercer gol, nacido del coraje de Cucho Hernández y concretado por Jaminton Campaz, alivió la tensión y dio una diferencia que el desarrollo del segundo tiempo no reflejaba del todo. Aun así, antes del pitazo final, un remate uzbeko que se estrelló en el palo recordó que el partido nunca estuvo completamente bajo control.
El balance deja sensaciones encontradas. Colombia fue superior en el primer tiempo, tuvo individualidades decisivas y ganó con justicia. Pero también evidenció dificultades para adaptarse a los cambios tácticos del rival, perdió el control del juego durante largos pasajes del complemento y terminó sufriendo más de lo necesario.
Lo importante es que los tres puntos quedaron en el bolsillo. El empate entre Portugal y la República Democrática del Congo dejó a Colombia como líder del Grupo K al término de la primera jornada. Ahora el desafío será confirmar esa posición frente al conjunto africano, corrigiendo las dudas que dejó el segundo tiempo. En un Mundial, ganar siempre es importante; aprender de las victorias puede ser aún más valioso. Y haber si cambian el discurso los contradictores.
!!Vamos Colombia¡¡